Discusión: Rincón literario
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Rincón literario

El optimismo moderado del Renacimiento, hoy
para quien guste de novela picaresca:
Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán.



Capítulo V

. Lo que a Gumán de Alfarache le aconteció en Cantillana con un mesonero


Luego que dejamos a las camaradas, pregunté a la mía:

-¿Dónde iremos?

El me dijo:

-Huésped conocido tengo, buena posada y gran regalador.

Llevóme al mesón del mayor ladrón que se hallaba en la comarca, donde no menos hubo de qué hacerte plato con que puedas entretener el tiempo, y por saltar de la sartén caí en la brasa, di en Scila huyendo de Caribdis.

Tenía nuestro mesonero para su servicio un buen jumento y una yegüezuela galiciana. Y como aun los hombres en la necesidad no buscan hermosura, edad ni trajes, sino sólo tocas, aunque las cabezas estén tiñosas, no es maravilla que entre brutos acontezca lo mismo. Estaban siempre juntos en un establo, en un pesebre y a un pasto, y el dueño no con mucho cuidado de tenerlos atados; antes de industria los dejaba sueltos para que ayudasen a repasar las leciones a las otras cabalgaduras de los huéspedes. De lo cual resultó que la yegua quedase preñada desta compañía.

Es inviolable ley en el Andalucía no permitir junta ni mezcla semejante, y para ello tienen establecidas gravísimas penas. Pues como a su tiempo la yegüezuela pariese un muleto, quisiera el mesonero aprovecharlo y que se criara. Detúvolo escondido algunos días con grande recato, mas como viese no ser posible dejarse de sentir, por no dar venganza de sí a sus enemigos, con temor del daño y codicia del provecho, acordó este viernes en la noche de matarlo. Hizo la carne postas, echólas en adobo, aderezó para este sábado el menudo, asadura, lengua y sesos. Nosotros -como dije- llegamos a buena hora, que el huésped con sol ha honor, halla qué cene y cama en que se eche. Mi compañero, habiendo desaparejado, dio luego recaudo a su ganado. Yo llegué tal de olido, que, dando con mi cuerpo en el suelo, no me pude rodear por muy gran rato.
Llegué los muslos resfriados, las plantas de los pies hinchadas de llevarlos colgando y sin estribos, las asentaderas batanadas, las ingles dolorosas, que parecía meterme un puñal por ellas, todo el cuerpo descoyuntado, y, sobre todo, hambriento. Cuando mi compañero acabó de dar cobro a su recua, viniéndose para mí, le dije:

-¿Será bien que cenemos, camarada?

Respondió que le parecía muy justo, que ya era hora, porque otro día quería tomar la mañana y llegar con tiempo a Cazalla y hacer cargas.

Preguntamos al huésped si había qué cenar. Respondió que sí, y aun muy regaladamente.

Era el hombre bullicioso, agudo, alegre, decidor y, sobre todo, grandísimo bellaco. Engañóme, que, como lo vi de tan buena gracia y de antes no le conocía, mostró buena pinta, y en decir que tenía todo buen recaudo alegréme en el alma. Comencé entre mí mismo a dar mil alabanzas a Dios, reverenciando su bendito nombre, que después de los trabajos da descansos, con las enfermedades medicinas, tras la tormenta bonanza, pasada la aflición holgura, y buena cena tras la mala comida.
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Avrei voglia di correre all’infinito

e vedermi arrivare sempre prima di me
e

Avrei tanta voglia di te

B. Costa
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