

Yo era absolutamente escéptica ante los foros. Jamás participo (mejor, participaba) en foro alguno. Incluso dudaba mucho de la información que en ellos se maneja.
Un buen día, no hace mucho, tuve una duda sobre el barco, y busqué en google información, esperando encontrar algún artículo al respecto, o libro o manual, que pudiera ayudarme. Ahí salió LTP. Hice otra búsqueda en google, con otra palabra, y volvió a aparecer LTP. No es que crea ciegamente en el destino, pero respetarlo, lo respeto, así que, como se empeñaba en que visitara el local, pues entré.
El hilo encontrado resolvía en parte mis dudas, pero no me dejaba preguntar sin darme de alta. Por pura curiosidad, husmeé otros hilos y me gustó. Registré mi nick (y seguí sin poder dar agradecimientos, etc...).
Como había pasado un ratillo curioseando, se me echó el tiempo encima, tenía que cerrar el ordenador y, en consecuencia, mi presentación fue patética: invitación a birras y despedida en lugar de saludo. Vamos, que me gané la regañina del Tabernero. Pero como a mí es muy difícil bajarme la moral, pues simplemente aprendí de la colleja.
No soy adicta, pero sí entro 4 o 5 veces a la semana. Aprecio y encuentro justificadas las normas de convivencia que existen, y me encanta encontrar pocas faltas de ortografía y mucho respeto entre cofrades. Me divertí (y lloré) con la Ophiusa que nunca llegó, admiro a Polen cuando pregunta cómo cambiar una broca (yo sí se hacerlo, pero luego me da miedo apretar el botón), aprendí y me divertí con la 33ª Copa América, descubro instrumentos y productos cada día...
Y sobre todo, es un
remanso de generosidad difícil de encontrar en estos tiempos.
Vamos, que aunque hago lo que puedo, a menudo me siento culpable de no ser capaz de devolveros tanta ayuda como me dais.


Muchísimas gracias a todos.


