La falta de legislación, que proteja de la contaminación lumínica en los puertos, hace que la entrada de noche se haya convertido en una carrera de obstáculos.
Este verano entrando en Ribeira (mi primera vez en ese puerto) fue jugar a la ruleta rusa, entre las bateas a contraluz de las luces del paseo marítimo, las luces de los semáforos, la verde intermitente de la farmacia, las de las cafeterías, todas ellas más visibles que las de entrada al puerto, ....desesperante
Me imagino que más de uno se ha dado un piño en estas circunstancias.
Tomaros algo
