
Y otra cosa.
Esto no existía dos días antes.
Una panzá de trabajar de algunos cofrades lo consiguió.
Hubo que comprar maderas, cortarlas (troncos gordos), calzarlas, sujetarlas al suelo, montar la estructura, montar las crucetas, y montar el techo, y solo fueron unos poquitos.
Gracias a ellos estuvimos cubiertos del relente.
Y no los nombro, porque cada uno sabe lo que aportó.

