Ver mensaje
  #268  
Antiguo 08-05-2010, 22:16
Avatar de jometr
jometr jometr esta desconectado
Capitán pirata
 
Registrado: 30-10-2006
Edad: 56
Mensajes: 977
Agradecimientos que ha otorgado: 1,674
Recibió 1,643 Agradecimientos en 505 Mensajes
Sexo:
Predeterminado Re: Botadura del GALEON ANDALUCIA




A los lugares y personas se les puede reconocer por la vista, el tacto, el olfato o el oído. Especialmente me llama la atención, en mi caso, este último. Hay un ejercicio de memorización y desarrollo de este sentido auditivo, que consiste en escuchar atentamente los sonidos con los ojos cerrados y reconocer las acciones a los que van asociados. Se me antoja una actividad ideal a bordo dada la infinidad de ellos que a cada milla voy escuchando. Desde los pasos de la tripulación por mi cubierta, los cosquilleos que me producen con las maniobras o el quejido de mi estructura batiéndose con la mar. Os propongo esta forma singular de conocer la vida enrolados en un galeón del siglo XVII, los sonidos del Galeón Andalucía:
Debajo del castillo de proa se escucha ya el borboteo y el vapor saliendo que anuncia que el café está listo. A esto le sucede el tintineo de los jarrillos de desayuno y el golpe seco de los primeros cabezazos despistados del día contra el techo bajo del comedor.
Pronto son las ocho de la mañana y la campana se cuela en el nuevo día. Dos repiques indican el cambio de guardia; tres el anuncio del almuerzo y la cena, y más repiques quiere decir maniobra o ensayo de emergencias.
La actividad a bordo empieza bien temprano, cuando la voz firme y autoritaria del contramaestre Perico se impone en todo el barco para anunciar los trabajos. Las voces de la tripulación forman ya parte de mi vida. Entre las que más me llaman la atención están el tono de emoción que Ignacio Fernández Vial imprime en sus mensajes; la sabia y pausada voz de Joaquín Garrido, o la voz paciente del capitán Gonzalo de la Cruz.
El resto de tripulantes tienen también sus voces particulares, pero me quedo con las que surgen del esfuerzo durante las duras maniobras de velas.
El zumbido de la veleta y la bandera ondeando violentamente indican que el viento ha arreciado. Comienzan los frenéticos pasos por cubierta y escaleras. Cesa el trote de la marinería. Entonces, varias adujas de cabos caen sobre la madera al unísono. Comienzan las vueltas de las excitadas poleas y, finalmente, una cornamusa cruje al trincársele una escota. A esto le suceden las sacudidas de una vela izada, al hincharse y arrugarse por la acción del viento.
Empezamos a ganar velocidad. Los nudos aumentan en la corredera y así lo atestiguan otros sonidos. La proa, decidida, corta con más fuerza el agua. Las olas rompen una tras otra contra la roda, y la espuma de mar efervescente que se forma se disuelve en seguida. Algún que otro pantocazo en la barriga me hace estremecer. En popa se siente incluso el agua turbia que se aleja a nuestro paso. Con suerte, llega hasta nosotros el sonido nasal y los brincos de unos delfines que se acercan al costado para jugar.
Las vueltas de la rueda del timón resuenan en el puente. Al mismo tiempo, junto al gobierno, se puede incluso apreciar el roce de la aguja del compás al girar. En el interior de la cabina, a cada rato la radio escupe un nuevo ruido. Mientras, en la mesa se marca la nueva derrota. Tras el sonido enlatado al coger la carta náutica, el rasguño de la punta del lápiz dibuja una línea recta sobre el papel. El piloto Jaime recita los grados y minutos de la latitud y longitud del nuevo punto.
Si hay suerte, en algún momento del día los gritos de emoción a bordo se desatan con el picotazo de algún pescado en el aparejo. Engañado y atrapado, el coleteo desesperado de un bonito choca contra el cubo que lo almacena.
Unas cuantas millas más tarde, la marinería al completo vuelve a la carga, esta vez para la maniobra de fondeo. La coreografía comienza a la voz del contramaestre. "Halar del cabo blanco/ahora del negro". El aparejo para levantar el ancla chirría. A continuación, el peso muerto rompe contra la superficie del agua y se sumerge hasta agarrar el fondo marino. La maniobra acaba cuando se escucha el estiramiento de la estacha del ancla.
Muchos más sonidos me inundan de sol a sol: El rechinar del cuero de la verga contra el mástil cuando hay balanceo en el barco; los portazos de alguna puerta sin atrancar; las troneras de la cubierta de artillería al cerrarse o el agua de las mangueras cuando se baldea el barco. En los trabajos de mantenimiento es frecuente escuchar un martilleo o una lija raspando la madera. De pronto, un obenque se agita al subir un marinero por el flechaste, el juego de cabos que sirve de escala. En la cofa, afinando el oído, se escucha el sonido pegajoso al embrear la jarcia, o el punzón atravesando la relinga de una vela para reparar una costura.
Cae la tarde, y desde el comedor el choque de bancos con mesas, y armarios y cajones abriéndose se suceden. Los platos metálicos corren de un tripulante a otro y, tras probar bocado, estalla un aplauso para felicitar al cocinero por la cena. El ánimo da pie al flamenqueo y guitarreo de Pepe "Jeré", Augusto, Guti, Mauri,... y a los chistes de Manolo.
El ambiente distendido amaina, aunque todavía se escuchan algunas fichas de parchís o ajedrez arrastrándose por el tablero. Suena el paso lento y acompasado de los tripulantes que marchan hacia el sollado. Una tras otra, las cortinas de las literas se van cerrando. A su vez, varios libros se abren y sus páginas comienzan a pasar. En breve, este sonido también cesa.
Me dejo atrapar por el silencio de la noche y la guardia de prima se hace con el gobierno.

Buenas noches marineros
Citar y responder
2 Cofrades agradecieron a jometr este mensaje:
Atlántida (10-05-2010), danilo (25-05-2010)