Con vuestro permiso, transcribo este poema:
Al morir que no me entierren,
que me enmaren en la mar.
Por ataúd, dadme el viento,
echádme un puñado de sal.
Al morir, que nadie llore
que nadie vele mi cuerpo,
quemádlo junto a la arena
en noche de temporal.
Al morir no quiero misas,
ni curas ni confesiones,
sólo dejadme una balsa
con la que pueda remar.
Pero, por favor
al morir que no me entierren....
que me enmaren en la mar.