Humberto, yo he tenido una experiencia en este sentido, pero claro, la gran diferencia es que no me operé a mi mismo sino que con mi tripulante operamos a una chica de entre 15 y 16 años.
La batallita. En el año 84, habíamos subido desde Manaus, por el río Solimoes, y el río Juruá hasta un lugar llamado Eirunepé. Más de 1.500 millas de viaje con un remolcador y una gabarra, a buscar una caldera de vapor con un generador de 125 kva. Iva de patrón, con 54 tripulantes: marinero máquinas, 2 cubierta, cocinero . El viaje una odisea de 3 meses, porque no veas para cargar una caldera de 18 toneladas sin casi medios mecánicos. La ida 19 días navegando. Al día 14, en medio de la nada, arribamos a una orilla, con dos o tres cabañas de paja, habitadas por caboclos (mezcla de indio y blanco)de lo más primitivo. A las cuato de la mañana, se acercó una mujer gritando y llorando, porque su hija de 15 años estaba pariendo y se iva a morir. Preguntaba si a bordo había médico. Le dije que no, pero que Paulo, el de máquinas era curiosillo, aficionado al mundo sanitario, con algún cursillo y yo, pues que más alla de inyecciones, suturas y vías, no sabía nada.
Acabamos subiendo el barranco y llegando a la cabaña. La niña parturienta, estaba en pleno trabajo de parto, y el que resultó ser un niño trataba de salir, pero no conseguía, a pesar de bien encaminado, sobrepasar las partes blandas. La niña ya estaba casi rebentada, no hacía mucha fuerza y el bebé estaba cianótico perdido (falta de oxígeno).
Resulta que en 1982, había nacido mi primer hijo y estuve en el parto con mi mujer, en un pueblo llamado Porto Velho, en Rondônia (cerca de la frontera boliviana en el alto río Madeira). A mi mujer, primeriza, le pasó lo mismo y vi como el médico (parió en una clínica

) le hacía una episiotomía (una incisión en la zona del períneo)
Pues bien, nos miramos Paulo Neto (así se llamab el mecánico) cogimos una navaja bien afilada (allí todo el mundo tiene que afeita), la pusimos un poco al fuego, lugo lavada con yodo, desinfectamos la zona y cortamos uns cinco centímetros en el períneo de la chica, de dentro hacia fuera en su labio exterior derecho (cortas piel músculo y mucosa). La niña, que gritaba menos de lo que uno podría esperarse, apretó fuerte a la próxima contracción y el chiquillo nació. No se lo que pesaría, pero era rollizo. Anudamos, cortamos el hombligo, limpiamos al chaval y ale! a tomarse un aguardiente para ver si dejaban de temblar las piernas
Como en el barco llevávamos catgut, hilo de sutura, aguja, pinzas, gasas, yodo, alcohol y un botiquín razonable, pues Paulo, con bastante cuidado, cosió la incisión, primero internamente y después exteramente y según supe mucho timpo después, ambos estaban vivitos y coleando.
Ahora bien Humberto, estoy casi seguro que eso a tí no te va a ocurrir

, pero cortes de varios puntos de sutura, es algo bastante frecuente.
Otro día te cuento la operación por la propia víctima, de una mano mordida y envenenada por una serpinte Bico de Jaca (lachesis muta), también a uno 15 días navegando del primer ambulatorio.
Abrir el chasis de uno, me parece demasiado arriesgado.
un abrazo amigo!

