RUMBO A LAS GRANADINAS
Desde Las Santas en Guadalupe una bonita navegada hasta la isla de María Galante, donde se conserva a mi juicio, el mejor sabor de la cultura criolla de todo el Caribe. La caña de azúcar sigue siendo la principal actividad isleña, y la tranquilidad de sus gentes contagia, a nada que pasas un tiempo entre ellos.
Pero tengo ganas de llegar a Martinica para acometer trabajos de mantenimiento en el Bahía. Una mañana temprano abandono el tranquilo fondeadero de Saint Louis, pongo rumbo a dejar Dominica por estribor y así, además de evitar las calmas a sotavento de la isla, echo un vistazo a la abrupta orografía de la costa de barlovento.
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El Bahía navegando a todo trapo
Una brisa de quince nudos acompaña de través en esas condiciones y solo marejadilla, el Bahía navega rápido, a pesar de la corriente contraria.
La vista de Dominica por el este, es si cabe, más salvaje, apenas se vislumbran entre la espesura de su manto boscoso, unos pocos caseríos diseminados aquí y allá.
El canal hasta Martinica ya es otro cantar, corriente favorable y el GPS con la sonrisa de valores altos, antes de la puesta del sol ya estoy a sotavento de la isla francesa, pensaba quedarme a dormir en San Pierre, bajo las faldas de Mont Peleé, pero me siento tan a gusto navegando que decido continuar hasta Fort de France.
Pronto el sol desaparece por el horizonte, sin ofrecerme una puesta espectacular, que ya hubiera sido el remate. Con el astro rey el viento también se acuesta, y las últimas millas, con noche cerrada, las recorremos a motor. Fondeo bajo las murallas de la capital y me duermo soñando con la deliciosa navegada que acabo de realizar.
Desde Fort de France a Le Marin, es un suspiro de a penas veinte millas, que hago bien de mañana para reencontrarme con mis amigos del Cap's III, pero ellos continúan hacia Santa Lucía y yo me quedo a realizar los trabajos de mantenimiento y esperar al cofrade Urtzi, que viene a pasar un par de semanas, caribeando conmigo.
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Fondeadero en Le Marin
El principal trabajo a bordo va a consistir en el cambio de toda la jarcia fija, no es que tenga mal aspecto, como han dicho los técnicos que han venido a tomar medidas, pero el año pasado tuve que cambiar un obenque bajo, por rotura de un hilo y como el Bahía lleva ya muchas millas de cruceros y regatas, en sus siete años de vida, me siento más tranquilo con toda la arboladura nueva, cuando en ocasiones, navego duro.
Además aquí en Le Marin, hay buenos profesionales, un poco caros, pero con esas cosas de la seguridad del mástil, prefiero no andar escatimando.
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Trabajos de cambio de jarcia
La llegada de Urtzi, le ha dado nuevos alicientes a la vida a bordo. Al día siguiente de la llegada ponemos rumbo a la Isla de Bequia, donde nos esperan Edda y Ja, casi cien millas que nos merendamos con gusto, dejando por babor las islas de Santa Lucía y San Vicente, en una navegada antológica, habitual cuando la travesía se hace de norte a Sur.
Arribamos ya de noche a la más grande de las Granadinas, fondeamos junto a nuestros amigos, que no tardan en venir a saludarnos.
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Urtzi frente a la estampa de los Pitones de Santa Lucía
Tres días en Bequia nos dan para que Urtzi me ponga al corriente de sus andanzas por los Roques venezolanos y me transmita su experiencia respecto a la caza submarina. No tardamos en echar un vistazo a los roquedales en torno a Port Elizabeth y darme la oportunidad de que capture mis dos primeras langostas, me siento como que he descubierto el Nuevo Mundo, ya que ahora se me abre, un amplio panorama en mi vida a bordo.
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Reencuentro con el Cap's III en Bequia
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El Kapitán-Marmitón en los fogones del Bahía con Ja y Edda
El siguiente salto, es navegar hacia Los Cayos de Tobago, el paraje emblemático del grupúsculo de islas, islotes, arrecifes y arenales que forma el corazón de las Granadinas, pero antes nos detenemos en Canouan, isla no demasiado vistosa, es domingo y nada más pisar tierra oímos los sonidos de una música que nos parece religiosa. Efectivamente, enseguida nos encontramos en un recinto al aire libre donde parece que se ha reunido toda la población, para celebrar un oficio religioso a ritmo de acordes gospell y por el montaje que tienen de chiringuitos, da toda la impresión de que pasarán allí todo el día.
Volvemos a los barcos, después de tomar un refresco en una cantina, mitigar un poco el tórrido sol y sentir de cerca el ambiente de los paisanos.
Cinco millas más y penetramos en los cayos por el paso norte, bien conocido por el Bahía, ya que es la tercera vez que navega por sus aguas, he de recordar que arribamos a este lugar como primera recalada tras el cruce atlántico, hace casi cuatro meses.
Me sorprende la poca concentración de barcos en los dos fondeaderos principales, lo hacemos en el que considero más cómodo, entre las islitas de Bateau y Rameau y pronto el Cap's III se sitúa a nuestro lado.
Para todos, la llegada a aguas color turquesa nos da otras perspectivas de auténtico Caribe.
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Tras la visita a la pescadería en los Cayos de Tobago
Otros tres días en los que disfrutamos de nuevas sensaciones, nadar junto a grandes tortugas, a las que incluso se las puede llegar a tocar, paseos por la islita de Baradal, habitada por iguanas, la extrañeza de Rufino al ver por primera vez bichos tan raros y las salidas con Urtzi a cazar entre los arrecifes coralinos, han sido experiencias inolvidables.
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El incomparable marco de los Cayos de Tobago, isla de Baradal
Pero seguimos navegando, la isla de Union marca la frontera de Granadinas por el sur, fondeamos un día en la gran bahía de Chathaman, al oeste de la isla, de la que me he llevado una pequeña desilusión, ya que hace cuatro años, cuando pasé por aquí, era una bahía virgen, lejos del curso turístico y ahora me encuentro que ya hay numerosos chiringuitos en la larga playa, e incluso lo que nos parece una pequeña agrupación hotelera.
Como acostumbro a decir, llegamos tarde a casi todo.
En Clifton, al día siguiente, hacemos los trámites burocráticos de salida del país, esta pequeña población nos ha sorprendido, el colorido de sus casas, el mercado de frutas, de casetas multicolores a juego de los frutos que exponen, la amabilidad de los paisanos y autoridades, ha hecho que nos llevemos un buen recuerdo.
Siete millas para atravesar el canal y arribar a Carriacou, territorio de Grenada, último país por el sur de las Antillas Menores, en el que haremos escala una temporada y Urtzi partirá de nuevo a su Arnedillo-Sur-Mer.
Salud
