Aquí os dejo un relato de una experiencia preciosa que nos ocurrió al cófrade pico y a mí durante una travesía. Espero que os guste.
Oscar, patrón y Armador de La Susi
EL VIAJERO
27/08/2005
18:25:54
N37 16 25.5 W1 15 18.8
Hacía 28 horas que habíamos salido de Altea y nos quedaban otras 20 para llegar a Aguadulce. Nos encontrábamos entre el Cabo de Palos y el Cabo de Gata, a unas 20 millas de la costa más cercana, cuando llegó el viajero.
Calma chicha
Anochecer rumbo sur
Hizo varios vuelos de reconocimiento antes de posarse sobre la cubierta de la Susi y comenzó un meticuloso examen del barco, por fuera y por dentro. Pensamos sin duda que se habría alejado demasiado de tierra y no le daba tiempo a volver antes de que anocheciese. Nos había encontrado en medio del mar y éramos su tabla de náufrago.
El pajarillo recién llegado con Oscar
Prosiguió con su inspección del barco y realizó varios vuelos en que parecía que se alejaba y ganaba altura para cerciorarse de que llevábamos buen rumbo. Habíamos estimado que llegaríamos al Cabo de Gata al amanecer y al parecer coincidió con la estimación, porque volvió a bordo y comenzó a tomarse confianzas.
Recorrió La Susi de proa a popa y confraternizó con Oscar y conmigo hasta el punto de arrimarse al que dormía mientras el otro hacía guardia.
Se puede suponer que buscaba calefacción gratis, pero podía haber elegido otros sitios. Como la litera de al lado del motor, o, si le parecía muy ruidoso, la litera sobre el motor de la nevera (mucho más silencioso), que también ofrecían calor. Pero creo que además buscaba compañía.
La segunda noche abordo suele ser la más cansada. Se acusa mucho el sueño y es difícil no dar alguna cabezada durante la guardia. Hay un par de técnicas útiles, aunque no dejan de ser un engaño momentáneo al sueño. Una es subirse a la escalera del portillo mirando a proa y dormirse sobre los brazos cruzados. Hay una fase en la que casi sueñas, incluso con cierto control, puesto que te despiertas en cuanto se te doblan las rodillas, y como las sensaciones están todavía nítidas en el breve lapso de memoria que nos permiten los sueños, se puede volver al mismo escenario en sucesivas cabezadas.
Con idénticos resultados se puede uno sentar en la bañera y echar un sueñecito agarrado a la escota de la mayor. En algún momento nos dará un tirón más brusco o se nos aflojarán las manos.
Hay que tener muy claro donde está el límite y antes de dormirse involuntariamente avisar al relevo.
Lo cierto es que el pajarillo me hizo la guardia mucho más llevadera. Revoloteaba por la cabina cuando bajaba a mirar la carta y se acurrucaba en mi regazo mientras me sentaba a tomar algo. Me pareció increíble la inteligencia de un animal tan pequeño, que sabía que no corría ningún peligro abordo de la Susi.
El pajarillo acurrucado en mi regazo
Lo de sentarse abajo a tomar algo es peligroso. Hay que ser consciente de que ahí no puedes quedarte dormido. ¡Nada de cabezaditas! A los 10 minutos lo prudente es levantarse y salir a cubierta o, como mínimo, sacar medio cuerpo por el portillo y escudriñar 360 grados de horizonte.
Al cabo de un rato de tanto ajetreo, el pajarillo se cansó de mi regazo y debió irse a dormir con Oscar al camarote, por que no lo vi más hasta que ya había amanecido y teníamos el cabo a la vista, a unas nueve o diez millas.
28/08/2005
7:42:09
N36 41 37.5 W2 06 03.6
Entonces lo volví a ver desde el portillo, revoloteando con soltura por la cabina. Voló con precisión milimétrica desde la mesa de cartas hasta mi mano, me miró con absoluto desparpajo y picoteó suavemente mis nudillos. Me imaginé que eran besos. Subió por el brazo hasta el hombro y luego revoloteó por cubierta, posándose aquí y allá, bebiendo las gotas del relente. Se atusó las plumas, tomó impulso y se fue volando... ¡por babor!
¡No iba hacia la costa, iba a África!
Nos habíamos equivocado, no quería que le acercásemos a tierra. Le quedaban más de 100 millas por delante sobre el mar. Simplemente le veníamos de camino. Le llevamos 40 millas rumbo suroeste mientras reponía fuerzas para proseguir su ruta. El viajero.
Recordé dos cosas muy importantes pensando en el pajarillo; para emprender cualquier tipo de viaje hay que saber cómo llegar allá donde vas, y hay que buscar buenos compañeros de viaje.
Debe ser lo poco que me queda de instinto.
Pablo
Amanecer rumbo suroeste
PD: Escribí este artículo para que no se me olvidase una experiencia tan bonita y lo ilustré con las fotos que había hecho durante la travesía. Cuando lo releí me pareció incompleto y un poco vago. Me preocupaba, sobre todo, no saber qué especie de pájaro llevamos a bordo y que había denominado alegremente “pajarillo”.
Le envíe unas fotos a Nacho Yúfera (
http://www.iyufera.com), amigo del alma y experto en pájaros, pensando en corregir algunos párrafos, poner el nombre del pajarillo y camuflar mi ignorancia. Pero prefiero copiar su respuesta por interés (y por pereza).
“Qué alucine, Lorente:
El polizón que tuvisteis es una Buscarla pintoja (Locustella naevia), un pájaro bastante raro en España (apenas dos centenares de parejas) que anida exclusivamente en la franja húmeda cantábrica.
Imagina el viaje que llevaba encima, y lo que le faltaba hasta llegar a Africa subsahariana. Yo nunca he visto uno, así que me ganas en una especie. Voy a poner las fotos (con tu copyright) en mi web.
Un abrazo y hasta la vuelta,
Nacho.”