Hoy mismo iré a una taberna a brindar por Puto Perro, por los buenos ratos que me ha dado sin conocerlo y sin él saberlo y por Tarugo, con su vida dura pero libre y su muerte en combate.
También brindaré por tujefe, que el momento que vive me llegará por partida doble (ahí están las dos durmiendo obscenamente espatarradas) y juro solemnemente no comer cerdo agridulce una temporada. ¡Juerrr! Esto sólo se le podía haber ocurrido a la misma mente que nos contó de aquella genial manera la entrega al mar de las cenizas de un amigo frente a la Malvarrosa (hoy Campo de Regatas Norte "Romeo").
La tristeza que nos da la pérdida de estos amigos es producida por las alegrías que nos dan en vida.
