Y tanto que tienen memoria!!, limpiando el pescado llegaban a estar con sus alas pegadas a nuestra oreja esperando la carnaza, hartos de la situación, atamos un sedal a una faneca y le dimos unos 50 metros al lance, después de una acalorada discusión sobre quién se zampaba el pescaíto, una emprendió vuelo hasta que empezó a dejar de ser gaviota para convertirse en cometa. Al final no le quedó más remedio que soltar lo que se había tragado. Esa tarde ya no se volvieron a acercar demasiado, y el fin de semana siguiente guardaban una distancia de respeto de 75 metros aproximadamente. Ni para cagar se acercaban.
