Un domingo por la mañana cuatro amigos de casi cincuenta zarpan del puerto a vela para darse una vuelta y tomar el aperitivo.
Seis millas más tarde, en el extremo de la bahía, fondean al abrigo de unaplaya donde se mezclan las telas y los nudistas. Sacan las cervezas, aceitunas, patatillas... y el tripusol más novato llega a la bañera con los prismáticos de 50x10, encantado con el juguetito mira el faro, el mercante arribando a puerto, los veleros navegando y, en su giro de 360º termina por quedarse colgado de la playa nudista.

Empieza a comentar lo que ve, al principio los otros tres le dicen que lo deje, que no son maneras, que no tiene edad para esas tonterías, que se tire al mar y nade hasta la playa "a ver si así se enfría" .
El de los prismaticos anuncia que una tipa escultural, de unos veintipocos años le ha saludado antes de zambullirse en el agua. "Deliras, es mejor que te llevemos a casa" le cotestan. El de los prismáticos insiste, que la tia viene nadando directa hacia el barco. "Ni caso, este está loco", "quesi que ya está como acien metros.
Los otros tres empiezan a tomarse la cosa en serio, el patrón la arrebata los prismáticos al mirón y observa intrigado: "co... es cierto" viene directa hacia nosotros, la nadadora avanza, el patrón alucina mientras le sube la temperatura corporal, los otros tripulantes meten barriga mientras se limpian las comisuras de los labios.
Al cabo de un par de minutos la nadadora nudista se agarra a la escalera de popa y saluda: "Hola tio Pepe, vi tu barco y vine a saludarte, un beso, chao"
