Lo bueno de muchos deportes es que el resultado siempre tiene algo de incierto.
De otra manera, se jugaría en los despachos y saldría el ganador tras una fumata blanca.
Si no somos capaces de ganar los dos partidos que quedan (creo), no nos merecemos seguir.
Hasta que no pasa el último fraile, no se acaba la procesión.
