Re: Un poco de erotismo?
DESAYUNO CON PERCEBES
Llegaron por separado. La i griega los unió en dos mundos distintos. Uno, el de la espera, frente al pórtico, con el ronroneo de los gatos. Otro, agitado, veloz, con el ansia metida en el cuerpo.
El primer románico los vio ya descamisados, deseosos, ardientes, se atragantaron. Estaban de acuerdo. La excursión se las traía. La ilusión era solo de ellos.
¡Anda, si aquí tienes una peca! Sí, es de nacimiento.
Conducía con la falda ligeramente levantada. El paisaje era la textura de sus medias, y el torrente escondido de sus piernas nacía de lo sabido, de la desnudez interior.
¡Pero si no llevas calzoncillos!. Sí, es de nacimiento.
El Señor de Transilvania los esperaba en la puerta del Palacio, frotándose las manos. ¡Pasen, pasen, sean bienvenidos, pero no toquen nada!. El lugar les aguardaba, tenía personalidad propia, y estufa de leña.
La puerta contigua daba a la Habitación de los Hornos, pero el calor se concentraba en la piedra abuhardillada
Examinaron, miraron, se observaron, recorrieron la estancia y cada pliegue de su cuerpo. Se intuían como dos enamorados enjaulados listos para un bis a bis. Volvían a estar demasiado ocupados en que el señor del palacio se fuera de inmediato, pero no lo conseguían. Él se sentía a gusto entre miradas de incontenida pasión, se instalaron entre la música grabada, sex profeso, y las burbujas del cava helado. Se empezaron a alimentar el alma. La falda y las medias aumentaban el deseo, la paz, el relax. La penumbra conseguida, el silencio de los besos, y el susurro de las caricias se juntaban con problemas de intendencia: ¿Tienes fuego?. No puede ser que no tengamos fuego en mitad de ningún sitio. La leña de la chimenea cumplió una doble función.
Entre calada y sorbo de cava, recorrieron los cuerpos en toda su extensión, deteniéndose en cada poro, como si atravesaran sin brújula la rosa de los vientos, embriagándose con esa tarea no fácil, pero muy placentera. Se hicieron longilíneos, estirándose sobre la frescura de sus pieles, y el estremecimiento los seducía, más y más, y más.
Descubrieron secretos entre los pliegues de sus superficies como para llenar varias lunas. Él se quedo sumergido en el estanque de los nenúfares, acariciando el corazón del lirio, roto de placer por consumarla, ella repasando muchas veces su extensión, inmersa en el adormecido maremoto de los besos.
Se iban teniendo, amalgamándose, sorbiéndose los oídos, enterneciéndose, intentando saber si llegarían ya, o deberían esperar más, y más, y más...
Se amaron sin miedo, sin prisa, sin desear llegar a la cima, retrasando la entrada en el paraíso. Embebidos en lo amatorio de un arte más que estético, estático, Mayestático.
Dos cuerpos en uno, piel con piel, tela con tela, entrando y saliendo, locos, repartiéndose el gusto en el tiempo, y diciéndolo como acto de seguridad para un futuro cercano mucho mejor. ¡Ahora, ahora, ya, ya, luego tendremos más!, y más, y más...
Solo el silencio escuchaba la gloriosa sinfonía que su unión producía, cada gemido provocaba aceleración, acompasamiento, estallidos sin contener ninguna emoción, arrebatos de placer entre las explayadas sabanas.Vientre sobre vientre, como el crujir de las olas en la playa. Carnes sobre carnes, como los cuerpos que necesitan del aire, del viento, del giro y de la fusión.
Tengo hambre, dijo ronroneando, y mientras el agua de la ducha, ¡por fin caliente!, acariciaba su piel, Los percebes, el foie, y otras exquisiteces llenaron la mesa del antiguo palacio convertido en casa rural. El sensual paladar del marisco se mezclo con las insinuantes miradas; las copas del helado cava con el roce buscado de los cuerpos; la mermelada con el queso de brie; la atonia de los cuerpos con el sueño de la digestión.
A medida que degustaban esos suculentos sabores, se devoraban en su imaginado próximo futuro, también mezclado con el reciente recuerdo de los mismos gustos, todo ello sin perder el brillo exuberante de sus miradas risueñas.
De súbito, se aprietan en un abrazo y no pueden evitar dibujar y perfilar sus labios con sus lenguas, labio que se acerca al lóbulo, lengua en el cuello. Abrazados suben las escaleras de la buhardilla, y sin mas indicación que la de sus propios cuerpos, se dejan nuevamente caer uno encima del otro.
Las caricias han acelerado los pulsos, y la respiración se ha convertido en gemidos emitidos casi al unísono. Morían de gusto sobre gusto. Percebes entre texturas rosadas, mermelada sobre durezas saladas, licor espumoso entre ingles desesperadas.
Metidos entre las piernas, enreguilados como enredaderas, acarician los temblorosos muslos, el hormigueante vientre. En la lujuria, la seda aferra las manos a los barrotes de la excitación, el falo derrrocha vida, es un faro en la tormenta, como si fuera una invitación a meterlo en la boca rozándolo con los labios, como si la turbulencia marina se apoderara de él, lamiéndolo con la lengua de la lascivia. La jadeante respiración acelera los flujos, los poros se alzan en diminutas montañas, y al fin ...con la estrepitosa y escalofriante sensación de oír cada uno el placer del otro, en un grito común, entran en ese plácido duermevela.
- ¿Qué haces?
- Pienso
- ¿Con los ojos abiertos o cerrados?
- Cerrados
- Ah!, bien, entonces sigue pensando
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el primer beso siempre se da con la mirada
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