Yo sí tuve experiencias parecidas. Me quedé unos segundos larguísimos sin motor en la entrada del puerto.
Estaba todo claramente planificado por el mejor navegante: Dios. Lo habíamos dejado todo en sus manos.
Naturalmente, si bien el buen Dios se hubiese ocupado de nosotros, nos pareció que lo mejor sería actuar por nuestra cuenta, y no molestarle. Por eso inicié una frenética actividad encaminada a solucionar el tema: un ataque de histeria.
Finalmente, aun que no queríamos, molestamos a Dios, y resultó, gracias a él, que el único problema era no abrir la entrada de aire del depósito de combustible.....
Probablemente la mejor solución se encuentre siempre después de tomar un té. O eso me han comentado.
Un poco de calma, sangre fría llegado el caso y una buena agenda en el móvil suele parchearlo casi todo.