No sé como se me ha pasado lo de la inversora, os deseo que pronto esteis otra vez navegando.
Paciencia y suerte.
Ayer quite un poco el mono con el 35 caireles que suelo salir, pero tuvimos poco viento, así que atracamos en Castro a comer unas antxoas de las de teta novicia mientras conversabamos animadamente tratando de imaginar paraisos lejanos. De regreso a Getxo rebuscaba en la conocida costa rincones que me transportasen. El largo mar de fondo de dos metros nos mecía con suavidad pero apesar de su belleza no encuentro ese cálido mediterraneo oriental, azul de casas blancas, recoletas calas salpicadas de pinos verdes, cipreses intensos y olivos sabios.
