Originalmente publicado por Gota
Estaba rodeado de gente y, sin embargo, se sentía más solo que nunca.Había llegado hasta esa casa sin saber muy bien cómo ni porqué, como todo lo que le pasaba últimamente.
Desde que se divorció por segunda vez, Martín vivía en su precioso ketch huyendo un poco de su pasado. Sabía que en un barco, lo único que le ataba a tierra eran un par de amarras, y que sólo con soltarlas se sentiría libre navegando hacia donde le llevara el viento, sin horarios, sin teléfono, sin esperas, sin maletas, sin ataduras, sin destino, sin lastres...
Había buscado su casa ideal por todos los puertos del Mediteráneo, hasta que la encontró, y desde entonces ese velero era el refugio de sus soledades, sustentado por la mar que tanto amaba. Sin embargo, el corazón de Martín anhelaba encontrar algún día a la mujer que compartiera con él su peculiar filosofía de vida y todos sus sueños, sumergirse de la mano en ellos y ser feliz por primera vez.
Impulsado por ese íntimo deseo, no dejaba de buscar entre mil caras, y nunca le faltaban nuevas amigas que se apuntaran a sus cruceros, aunque siempre llegaban cargadas de un montón de ropa de fiesta, agendas repletas de planes y prisas por llegar a tierra. Casi sin darse cuenta, Martín se convirtió en una especie de taxista del mar, llevando y trayendo gente de una costa a otra, empujado por una marea humana ajena a él..La sombra del eterno fracaso le perseguía como una pesadilla y notaba como su vida se le escurría entre los dedos de una forma absurda.
|