
13-07-2010, 19:01
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Capitán pirata
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Re: Os dedico un relato
Secuencia comentada con Werke y aprobada por él:
What the hell is the matter with you Martin? Me traes a una chiflada peligrosa y te atreves a presentármela; luego le atizas un puñetazo a una invitada que, al parecer es amiga de tu novia, y que está más chiflada todavía que ella… ¿A qué estás jugando? ¿Te has aburrido de la vida?
¡Para un momento, Laxmi! Qué prefieres: una tipa con media cara morada o dos o tres heridos sangrando por el cuello? Con ese golpe te he librado de muchos problemas. La tía está zumbada, de acuerdo, pero no sé de qué me hablas con respecto a Aurora. ¿Chiflada peligrosa? ¿Por qué?
¿Por qué? ¿No sabes con quién caminas? Dijo Laxmi descargando el puño sobre la mesa. Antecedentes policiales por acoso, sabotaje y agresión a ex parejas. ¡A uno le clavó un tenedor en el brazo mientras cenaba en un restaurante! ¡Has metido en mi fiesta a una puta chiflada en tratamiento psiquiátrico! ¡En mi fiesta! ¡A dos metros del director del Bank of América, del embajador de Italia y del gerente europeo de Shell Oil!
Martin no sintió ni la tentación de preguntar cómo Laxmi podía saber todo aquello sobre Aurora. Laxmi siempre lo sabía todo. El cerebro de Martin empezó a trabajar intensamente, procurando no dejarse llevar por el pánico, para salir lo más airosamente posible de aquella situación. Como le diga a éste, pensó, que hace una hora que conozco a mi supuesta novia y que le he tomado el pelo, no salgo vivo de aquí. Debo de estar yo también chiflado. ¿Cómo se me ocurre vacilarle a este tipo?
Perdóname, Laxmi. No sabía nada. Ya sabes que mi historia con las mujeres ha sido más bien desastrosa y supongo que cualquier perra puede hacerme concebir esperanzas. Lo siento mucho. Sobre todo porque le he estropeado la fiesta a Vanesa.
¡A la mierda con la fiesta de Vanesa! ¡Debes sentirlo porque has conseguido cabrearme a mí!
Laxmi pareció reflexionar por unos instantes y, más apaciguado pero con una frialdad en la mirada que hizo que las tripas de Martin se congelaran, habló con voz susurrante: La culpa es mía por no fijar bien las fronteras de mis relaciones. He compartido contigo muchos proyectos, muchas alegrías y algunas licencias morales. Te he considerado casi como un amigo. Te he admirado a veces. Pero ahora estás pálido y muerto de miedo. No eres nada. No eres nadie. Sólo eres un tipo que le ha pegado a una mujer. Debería entregarte a las fantasías de Klaus para que supieses realmente quién eres, pero tienes la suerte de que lo he destinado a una misión más agradable para él y que estoy francamente cansado ya por hoy. ¡Lárgate de mi vista!
Martin fue consciente de que se levantaba de aquella silla giratoria habiendo perdido la mayor parte de su dignidad. Le vino a la mente la voz de un cubano al que había conocido en Angola, hacía mucho tiempo y en extrañas circunstancias, trabajando precisamente en un proyecto de la Fundación Reig, que le decía: No se olvide que má vale una gayina viva que un león muelto!
Cuando salió de la casa, respirando con toda la capacidad de sus pulmones, clareaba ya por el Este. Bajo la pálida luz del alba vio a Aurora, que en realidad era Clara, que estaba esperándolo, sola, junto al murete en el que habían apoyado sus copas de vino hacía ya tanto y, a la vez, tan poco tiempo.
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