Entre los marineros del otro lado de los Pirineos, ya sabéis que está totalmente prohibido, a bordo, pronunciar la palabra que designa a aquel pequeño animal de orejas largas. Quien se atrava a pronunciarla es pasado por la quilla de inmediato.

Bueno, ya sé que la flotabilidad de nuestros barcos ya no depende de si alguien se dedica o no a comerse la estopa, pero por si acaso, no pronuncio la palabra a bordo!