Siempre me acuerdo de un tío segundo que era marino mercante, y que contaba que en una travesía larga embarcaron como pasajero -por encarguito del armador- a un cura de la uniformada, que además iba siempre con un paraguas negro y todos sus aparejos en la mano (misal, rosario...).
Parece ser que todos los tripulantes se ponían tan nerviosos cada vez que lo veían, que raro fue el que no acabó herido o con alguna lesión tras un encuentro con el páter; por supuesto, esto sirvió como "prueba" de que el cura, la biblia y el paraguas traían mala suerte.
