Todo eso del romanticismo está muy bien... pero si uno no tiene un barco regatero o se dedica a las regatas, una hélice de proa te puede salvar de un mal rato.
Personalmente, tengo que decir que las he usado poco, y que cuando he manejado algún barco equipado con ellas, no he prescindido de mi rutina de irme a hacer pruebas de maniobra el primer día que he estado a la caña. Las pruebas, las típicas, comprobar radio de giro, espacio necesario para parar el barco y arrancar, velocidad mínima de gobierno, ciaboga, etc... ¿por qué? Pues porque esos cacharros los carga el diablo, y siempre les da por fallar en el momento más inoportuno, así que siempre me planteo la maniobra como si no hubiese hélice de proa y, si por lo que sea veo que la maniobra se complica, la utilizo como ayuda, pero no como un elemento esencial de la maniobra de atraque o desatraque.
Uno de los fallos mas sonados que he visto fue entrando un North Wind 68 al amarre del Salón Náutico de Palma hace un par de años... un calado generoso que obligaba a ir muy centradito en el canal entre las amarras, una eslora de 20 metros, un desplazamiento realmente considerable y un precioso viento cruzado de 20 kn... y en plena maniobra saltó el fusible de la helice de proa... ya os podéis imaginar la que se lió.
Sin embargo, pienso que son una gran ayuda cuando funcionan, que es casi siempre...



salud!!