El Luna Rossa y el New Zealand, durante una empopada de la regata de ayer.
Mientras el New Zealand ganaba ayer su cuarta manga al Luna Rossa y se cargaba de moral para su más que presumible presencia en la Copa América, el que ya tiene la plaza segura, el Alinghi, volvía a casa con el rabo entre las piernas tras hacer un entrenamiento de presalidas ante el Desafío Español.
Fue una jornada completita, uno de esos días en los que salir al agua es absolutamente rentable para ver cómo está la situación. Aunque muchas veces las sensaciones (véase lo que ocurrió con BMW Oracle en semifinales y ahora con Luna Rossa) no valen para nada al quedar destrozadas por la realidad.
El Alinghi y el Desafío Español se pusieron de acuerdo en realizar un entrenamiento de presalidas. El equipo de Iberdrola se comprometió a poner en liza a lo mejor que tenían en Valencia. Karol Jablonski se pasó por la base para tomar la caña del ESP-88, un velero que no había llevado desde el mes de febrero cuando llegó a la base el ESP-97.
La tripulación no era la titular, ni mucho menos, había mucha gente de la que ha navegado poco o nada en la Copa Louis Vuitton y el barco no era el mejor.
Sin embargo, de las cuatro presalidas que se llevaron a cabo el sindicato de Iberdrola se llevó tres triunfos claros y la otra regata quedará la duda del vencedor. Pero lo que es evidente es que el primero, el segundo y el cuarto fueron a parar al zurrón del polaco, que realizó un trabajo perfecto.
La prueba más evidente fue la primera de las salidas en la que los dos equipos estiraron la partida hasta el primer cruce entre los veleros y la ventaja de los españoles era clara al pasar por delante de los suizos.
Evidentemente no es lo mismo salir a entrenar para complacer al defensor que entrenar para prepararse de cara a la Copa América. Jablonski salió al campo sin presión y a disfrutar y a fe que lo consiguió porque le dio una lección a Ed Baird que el americano tardará en digerir.
Para el Alinghi no debe ser un buen trago lo que ayer pasó en el agua. Aunque no lo han hecho oficial parece que el caña titular del equipo será el americano en detrimento de Holmberg (quien observaba el oprobio de su compañero desde una gomona de asistencia). La tripulación que se enfrentó a los españoles era de campanillas.
Alinghi, es sólo una apreciación, debió utilizar el SUI-91 en su entrenamiento ante los españoles aunque el número de vela era del SUI-64. El otro día ante el New Zealand también se usó un trapo con la misma matrícula y cuando se le preguntó a Jordi Calafat, estratega reserva de los suizos, sobre la edad de la vela dijo: ''En Alinghi sólo hay velas muy muy nuevas o velas a estrenar...''
El " Luna Rossa Challenge " y el " Emirates Team New Zealand " durante el paso de la primera boya en la cuarta regata de la final de la Copa Louis Vuitton.
La puntilla del New Zealand
La organización de la Louis Vuitton Cup ya trabaja en la barcaza en la que probablemente hoy se hará la entrega de premios de la competición previa a la Copa América. New Zealand se puede llevar la final por la vía de la urgencia. Un 5-0 es lo que ahora mismo todo el mundo involucrado en la Copa piensa que va a ocurrir.
La cuarta manga, la de ayer, viene a rubricar la dinámica de la final. Luna Rossa salió bien y pronto se hizo con una ventaja que tenía pinta de ser muy cómoda (unos 90 metros). Era lo que habían reclamado desde el barco italiano, una oportunidad de ir por delante. Pero lo echaron a perder ellos y un role de viento que sólo vieron los meteorólogos del New Zealand.
A Barker le habían dicho que más o menos a mitad de la primera ceñida habría un cambio a la izquierda que debían aprovechar. El caña supeditó toda la primera parte de la manga en ir a buscar la posición ideal para coger esa alteración en la dirección de viento. Cuando les llegó les dio la vida y pasaron a dominar la prueba.
La regata entonces ya entraba en su definición. Primero los kiwis mostraron su fortaleza y, además, los italianos se vinieron abajo porque habían perdido la oportunidad que reclamaban. Hoy, a las tres, la quinta manga en La Malvarrosa, probablemente la última para los del magnate Patrizio Bertelli.
J. AGUADÉ/ VALENCIA