Churri, lo mejor del relato es que os partierais de risa ante la subida de la marea, el pie recién operado, las ramas, la uña rota y todos los contratiempos.Enhorabuena por ese buen humor.
Ah! Y no te fies mucho de las calitas solitarias para dar rienda suelta a tus primitivos instintos, porque donde menos te los esperes... ZAS, el vecino de abajo.
Hace muchos años, después de haber tomado unas clases de conducción deportiva en Madrid, concluí mis vacaciones en Almería, como siempre. Iba yo en pelota picada con mi lanchita por el Manacá: no había nadie, qué maravilla!
Solté el ancla con tan mala fortuna que encalló en una roca; después de disfrutar de mi soledad desnuda en aquella playa maravillosa, bajé a bucear para ver cómo podía sacar el ancla de ahí.
Cuando me creía la única persona en una milla a la redonda, me veo aparecer a un buceador con sus gafas a un metro de distancia. Joder! y yo en pelotas y con estos pelos, y encima con las gafas esas se ve todo ampliado y al detalle. Pues la cosa no acaba ahí: salí a la superficie para tomar aire y él salió también, se quitó las gafas y.... era mi profesor de conducir!!!
