Una ronda

En una ocasión que perdimos una pala de la hélice, vinimos desde Cadaqués hasta Mataró a vela. Entramos con garbí hasta la gasolinera y allí el pavor me invadió. Crié coraje, tomé todos los rizos posibles y allá fuimos: viento de popa suave, despues traves en el canal secundario, fuera vela (que solo era un pañuelo!) antes del amarre y llegada al pantalán y a los brazos amorosos de los marineros ya sin apenas arrancada.
Se puede hacer y se debe hacer de vez en cuando, con las máximas precauciones, si señor.