A mi me hace sentirme pequeño y grande a la vez, pequeño en esa inmensidad, bella o agresiva que te maneja a veces a su gusto como una diosa todopoderosa y tu te pones en sus manos con sumisión; grande pues puedo sentir parte del control de mi destino, manejarlo desde mi decisión, e incluso, cuando navegas cerca de la costa, ves pequeño el mundo para ti conocido, co su líos y problemas, incluso las enormes montañas; te sientes un ser superior, cercano a los dioses.
En la punta de la bocana, al salir, desaparecen mis miedos previos, que sustituyo por espectativas, empiezo a navegar y si la cosa se pone fea incluso hablo con esos dioses y es cuando empiezas a conocerte a ti mismo, con tus capacidades y tus miedos, que van cambiando a lo lago de tu vida, y te ves diferente de las veces anteriores. A veces te sorprende ver el tipo de persona con el que convive todos los días y no te reconoces, para bien y para mal.
Para mi navegar es ponerme a prueba como ser humano en mi esencia, por eso vuelvo.
Suongo que todo es algún trauma infantil
