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Antiguo 02-09-2010, 21:13
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Mis amos, su goleta y yo

CABRERA:


Nuestra última noche en Andratx dormí tan profundamente que no me enteré de cuando pasaron las gamberas creando una especie de tsunami. Casi siempre que duermo profundamente sueño con peleas callejeras con otros perros, pero esa noche mi sueño fue muy diferente.


Estábamos navegando en medio de un temporal, cuando entró una ola gigante en la toldilla y me llevó con ella al mar. Mis amos no se dieron cuenta, a pesar de que Chufo se puso a ladrar para alertarlos..
La lucha contra aquellas olas encabritadas que me golpeaban por todos lados fue muy angustiosa. Yo intentaba mantenerme a flote chapotenado con mis patas delanteras, pero había tragado mucha agua y mis fuerzas empezaban a flaquear. La noche estaba tan oscura que parecía todo teñido de negro, y el frío empezó a calar mis huesos.

Cuando ya lo creía todo perdido y pensaba que iba a morir ahogado, llegó un pez enorme, igual que los que habíamos visto navegando hacia la Dragonera. Sólo su cola era cuatro veces más grande que yo, y de un sólo bocado hubiera acabado conmigo, pero mi agotamiento era tal que no hice nada por defenderme.


Cerré los ojos y me quedé como muerto dejándome llevar por la fuerza del mar, pero de pronto noté como un colchón suave debajo de mi que me sustentaba, me sacaba a la superficie y me llevaba a toda pastilla surcando el mar. Abrí los ojos y vi que estaba montado encima de aquél pez gigante que había venido a recogerme para salvarme. Las olas no podían con nosotros porque el delfín era mucho más inteligente y ágil; sabía moverse entre ellas con rapidez y seguridad para que yo no me cayera de su lomo, y encima de él no volví a sentir miedo.


El sol asomaba tímidamente por el horizonte, dejando un reflejo que teñía las aguas de oro, y debajo apareció, majestuoso, el Blue Alachar. Mis amos y Chufo estaban en la Popa mirando a su alrededor, y cuando me vieron aparecer a lomos del delfín empezaron a abrazarse y a reir. Yo ladré muy fuerte para que me oyeran, y entonces, mi amigo el pez gigante, emitió un grito de complicidad.


Un ruido estruendoso me sobresaltó, y entonces me di cuenta de que había estado soñando mientras dormía. Estábamos aún en Andratx, la cadena del ancla subía por el molinete hasta que llegó a su sitio, momento en el que Ivan gritó: LIBREEEES! y el Capitán, a la rueda, salía de la bahía rumbo a la isla de Cabrera.


Las velas empezaron a desplegarse una tras otra: mayor, carbonera, trinqueta y génova, y se hinchaban con el viento impulsando el barco con alegría. Yo iba sentado mirando al mar para ver si las olas crecían, y me llevé una gran alegría cuando vi ahí mismo, al lado del casco, a mi amigo el pez gigante del sueño, saltar divertido y contento a nuestro alrededor. Salí corriendo a la banda de sotavento para que me viera por si me reconocía, pero mi ama vino enseguida a cogerme en sus brazos:


-Lopez! No te asomes que te vas a caer, ven aquí con el ama


El delfin saltó por última vez y se fue buceando, no sé si a buscar a su familia o a rescatar a alguien que estuviera en peligro, desapareciendo en segundos.


La travesía a Cabrera fue bastante movida, las olas crecían cada vez más y yo pasé bastante miedo, pero por fin a las cuatro de la tarde entrábamos en la rada de las boyas, y allí el mar estaba muy liso, como si alguien lo hubiera planchado, para convertirlo en un lago de agua tranquilas rodeado por una montaña en forma de herradura.


Después de elegir una boya naranja, Todovespa intentó alcanzarla con el bichero, pero nuestra proa es muy alta y resultaba imposible. Después de cuatro o cinco intentos fallidos, el ama se bajó a la zodiac, se acercó a la boya y pasó el chicote de nuestro cabo por la gaza, devolviéndoselo a Ivan, que hizo firme en las bitas de proa, quedando bien amarrados.


La tarde transcurrió tranquila entre baños, siestas y charlas. Iván comentó lo fácil que sería pescar un montón de peces echando la caña desde el barco, pues se podían ver pasar decenas de ellos de diferentes colores y tamaños, pero Cabrera es zona protegida y está completamente prohibido.
A mi eso no me importaba, porque yo con mi pienso Royal Canin sabor bacon soy feliz, pero lo que sí me fastidió mucho es oir comentar a los humanos que también estaba prohibido desembarcar perros o cualquier tipo de animal de compañía. Jopé, más dias sin poder salir a pasear a tierra, grrrrrrr


Aunque los barcos no pueden ocupar la boya más de una noche en los meses de verano, el amo pidió permiso para quedarnos también la noche siguiente, y en vista de que había un montón de amarres libres no pusieron ningún impedimento, por lo que decidimos pasar todo el día siguiente ahí y salir hacia Mallorca el jueves tempranito.


Tras una noche apacible y sin sobresaltos, el día amaneció fresquito y soleado. Iván y mi ama se fueron con el dinghi a bucear con un grupo de gente y un guía-monitor. Pasada una hora volvieron contando la experiencia:


-Ha sido de traca, Juan, tenías que haber estado ahí mientras nos daban instrucciones de cómo usar la máscara. El monitor decía: “El tubo mantenedlo siempre fuera del agua” jajajaja
-¿Y ha sido bonito?
-Si, hemos ido por un circuito con fondos de arena, posidonia y roca.
-Hemos visto muchos peces, sepias y hasta estrellas de mar.


Como el Capi llevaba muchos días sin salir del barco, le apeteció ir con la zodiac a dar un paseo por toda la isla y visitar la cueva azul, famosa por las tonalidades de azul intenso con la luz del atardecer. Se apuntaron todos a acompañarle, así que fueron a la plataforma de baño, acercaron el dinghi y se subieron, momento que aprovechamos mi hermano y yo para saltar y obligarles a llevarnos con ellos.


Navegando por la zona con la neumática, nos dimos cuenta de que había otra rada preciosa con cuevas y alguna playita de arena fina. Los amos miraron a su alrededor, vieron que no había ni un alma, y decidieron bajarnos a Chufo y a mi a estirar las patas por tierra firme aunque fuera sólo unos minutos. Cuando vimos la playa quisimos saltar de la zodiac para ir a nado movidos por la ansiedad de llegar, pero en esto apareció una lancha de vigilantes que se nos acostó para avisarnos de que estaba prohibido salir de la zona de boyas con embarcaciones particulares.
Nos tuvimos que volver con el rabo entre las piernas y sin poder dar el ansiado paseo, y encima llegamos empapados de rociones grrrrrr.


Mientras cenaban en la toldilla, los humanos lo pasaron muy bien observando un barco vecino que hacía cosas muy raras, lo que les provocó un ataque de risa floja:


-Pero que hace ese tio con el ancla colgando? No se habrá dado cuenta
-No poco, mira, mira, si es que la utiliza para enganchar la boya
.Jajajaj es verdad, este no necesita ni cabo ni nada, pincha el boyarin con el ancla, se lo sube al barco y lo encaja en el balcón de proa jajajaja
-Jajajaja que crack de tío
-¿Pero que es eso? ¿Un OVNI? ¿Una discoteca?
-Jajaja que va, es la luz de fondeo de este tío, que parece la sirena de un coche policía pero a lo bestia jajajaja
-Yo de mayor quiero ser como él jajaja


Mientras se reían sin parar hasta dolerles la tripa, yo me quedé profundamente dormido, mecido por el suave balanceo del barco, hasta que los primeros rayos del sol asomaron tímidamente por la montaña.
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MariGota





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ayapitas (04-09-2010)