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Predeterminado Re: Mi experiencia en Menorca

7ª etapa - el regreso

Hola amigos,

para que este relato sea completo faltaba, como no, contar el regreso a nuestro puerto base, Mataró.

Tras un día y medio de espera en Fornells, el pronóstico era de una tramuntana remanente hasta el mediodía, que iría amainando y rolando a Sur. Tras mil actualizaciones del parte, decidimos finalmente salir a las 12:30 h, sabedores de que en las primeras millas encontraríamos mar de fondo incómodo.

Partimos a motor, a ver lo que encontrábamos al dejar la bahía. Y fue más que lo que imaginábamos, lo cual provocó un cierto desánimo entre mis hijas, que recordaron inmediatamente la vuelta de Mallorca tres años antes, donde estuvimos navegando 16 horas con F7 de proa.

Esta vez era otra cosa, pero el recuerdo lo amplificaba todo.

Nos impresionó el espectáculo de las olas batiendo en los acantilados del Cabo de Cavallería.

Izamos la mayor rizada y seguimos con el motor. Al izar la mayor, la navegación mejoró claramente y el comportamiento se hizo mucho más noble. No me atreví a abrir génova porque el viento venía a 30º, de ceñida cerrada. El mar de fondo debía tener 1,5 metros, y pantoqueábamos de vez en cuando. Era excesivo para el piloto automático y estuve timoneando a mano las 4 primeras horas.

Cuando para mis hijas ya había perdido toda la credibilidad, el pronóstico se hizo bueno, el viento roló un poco y dejó un descuartelar cómodo, cada vez con menos mar. -Si ya os lo decía yo- Sacando pecho. Poco a poco las niñas fueron asomando a la bañera, y al poco estábamos comiendo y bebiendo un poco en una charla distendida. Conectamos el piloto.

A lo lejos por la popa, la costa majestuosa que esperábamos volver a pisar algún día no muy lejano.

Y así transcurrieron las horas y las millas, y salió la Luna. Descubrí que la Luna hace lo que quiere, que sale y se pone cuando ella desea, sea de día o de noche. Esa es su libertad.

Anochecía despacio. La luna en el cielo, el espectáculo estelar en su plenitud, el mar casi una balsa, las niñas descansando en la cabina y la almiranta mirándome con ojos romanticones. -esto no es real-

Y no lo era... La Luna decidió entonces que ya había brillado lo suficiente y se escondió en el horizonte dejando una noche completamente oscura. El viento roló a un través y arreció. Las olas empezaron a notarse de nuevo, y empezamos a correr. Cuando vi 7,7 nudos en el GPS empecé a estar tenso, pues aunque el rumbo era estable, al no ver el mar la verdad es que empecé a imaginarme una ola cruzada de esas que no te apetece encontrar cuando vas rápido. Empecé a frenar el barco todo lo que pude, vaciando un poco las velas y sacando el punto de motor que conservaba, aunque lo dejé al ralentí por si me hacía falta en algún momento. Lo estabilicé a 6 nudos un par de horas.

Vimos a dos veleros en nuestra dirección a unas millas por la aleta de babor, nos preguntamos si serían el Narval y el Ángela, a los que habíamos llamado por radio en el canal 71 al poco de salir de Fornells, pero sin respuesta -sería mucha casualidad-.

A pesar de que la noche era completamente oscura, la contaminación lumínica de las grandes ciudades de la costa -aún a más de 50 millas- nos permitía diferenciar ligeramente el cielo del mar.

Y así fue como vimos con estupor que la línea del horizonte quedaba interrumpida por un inmenso cilindro vertical de negro intenso que estaba frente a nosotros. -Eso creo que es un cumulonimbo, me temo, y está justo en nuestro rumbo-

Parecía la manifestación misma del mal: poblado por tinieblas, tormentas y aparato eléctrico. Demasiado grande para rodearlo, demasiado feo para ignorarlo.

Recordé el cuadro "blanco sobre blanco", de Malévich. Pensé: pues éste de aquí delante es el "negro sobre negro".

Nos pusimos el traje de agua -por los pelos- y en nada estábamos dentro. Comenzó a llover con unas gotas inmensas, y el viento roló loco. Viento cambiante y de intensidad también cambiante, en ocasiones bastante fuerte, volví a desventar la mayor y a tirar de motor, con descargas eléctricas encima nuestro y lloviendo, en un negro negrísimo. Eran las 2 de la la madrugada, y así estuvimos una hora, hasta las 3. Y como vino se fue: fue como cruzar una pared, y salimos de nuevo a un mar estable y a un cielo estrellado.

Las tinieblas quedaban atrás. Ahora sí que me apetecía correr...

No volvimos a ver a los dos veleros ... para mi que se los ha tragado la nube, dije. Ahora estarán siglos vagando por los infiernos.

Lejos de calmarse, el tiempo siguió complejo el resto de la noche y hasta nuestra llegada a Mataró. Tuvimos un garbí fuertecito -qué rabia no tener anemómetro!-, luego otra vez tramuntana, ... bueno todo un cocktel de sabores marineros que nos hizo llegar agotados a las 8:30 AM a nuestro puerto base. Habíamos cubierto 120 millas en 20 horas exactas. Era 15 de Agosto.

Sólo cinco minutos después de amarrar en el Puerto de Mataró escuchamos por radio como el Ángela anunciaba también su llegada. Cosas del mar ... que es así de caprichoso.

Cervecitas para todos, amigos, que esta ronda la pago yo.

LDN
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“No hay nada más arriesgado que no arriesgar nada”

Editado por losdelnara en 04-09-2010 a las 23:28.
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