¡Ay, mi querida Diana!
Aun tus besos son un sueño
pero impelen estos versos
que voy deshojando al alba.
A la voz sin amanecida
le pregunto, sin respuesta:
¿Tan sublime es su belleza?
¿Me devolverá a la vida?
Y el lucero reverbera
para guiarme al camino
de tus besos, de mi sino...
a tu flor de primavera.
Deshojo una margarita,
agorera entre las flores,
y le pregunto mil veces:
¿será ella mi querida?
Ya voy desnudando el alma.
Bruño el cáliz de mi cuerpo,
lanzo suspiros al viento:
¡Ay, mi querida Diana!