Principio de verano.
Paseíto a familia (padre e hijos) de amigos extranjeros. Primera travesía a vela para ellos en su vida. Calma chicha con simulacro de ventolina. Día repleto de anécdotas. Una de ellas:
Hijo mayor (16 años):
Esto no anda
Padre:
Cállate y disfruta de la navegación a vela. No es necesario correr
Hijo:
¿A cuánto vamos?
Yo:
2 nudos y medio
H:
¿Y eso cuánto es?
Yo:
Unos 4 km/h
H:
Eso es muy despacio. Hasta yo nadando iría más rápido.
Yo:
No te creas, que la velocidad en el mar engaña.
H:
Seguro que me tiro y os adelanto.
Yo:
No lo intentes, que seguro que no
Padre, dirigiéndose a mí, con un orgullo rebosante de tener un hijo así:
Mi hijo ha ganado medallas de natación en nuestro país.
Yo:
Puede ser, pero vamos más rápido de lo que os pueda parecer.
H:
Me voy a tirar y te lo demuestro
(Y se dirige a la popa con intención de "retarme".)
Yo, mientras pienso que no está mal el día como para practicar una maniobra de MOB a vela:
Mira, en lugar de por popa, tírate desde la proa y así te da tiempo a que te recojamos.
Dejando un cabo arrastrando, con poca fe en el adolescente y con ganas de que el mar le dé una lección (light, pero lección al fin y al cabo), le digo que puede tirarse.
El pobre, mientras se deja una buena parte de energía en el intento, ve cómo nos vamos alejando.
Yo, al padre:
¿Le recogemos?
Padre:
Yo creo que nos alcanza.
Yo:
Yo creo que no.
Total, tras llegar a tenerle a 100 m, damos media vuelta para proceder a la operación rescate.
Es triste humillar a la gente, pero se lo ganó a pulso
