NAVEGANDO EN “CURIARA”
No podía resistirme a dejar Venezuela sin visitar el delta del Orinoco.
Si en Roques el cromatismo eran los tonos azules, aquí, el verde es universal y la selva de galería, surcada por los brazos del río, es adentrarse en el “primitivo” mundo de los indios waraos.
La palabra “warao” significa “hombre de la canoa” y como tal es un pueblo que ha vivido ancestralmente ligado al mundo fluvial del delta del Orinoco.
Su modus-vivendi es el río y su herramienta fundamental, la “curiara” una primitiva canoa, fabricada, o más bien tallada, a partir de un tronco de árbol, a base de azuela y fuego.
Este tipo de primitiva embarcación las hay de muy diferentes tamaños; desde las manejadas por niños de poco mas de cuatro años, a las que pueden ser ocupadas por una docena de adultos.
En apenas tres días hemos tenido la suerte de establecer una muy buena relación con la gente del campamento en el que hemos hecho la vida y como navegante, me han permitido probar el manejo de una “curiara”.
Tras una escueta explicación el río me espera. Lo que en principio parece sencillo, no lo es tanto a la hora de mantener el equilibrio y un rumbo lineal. El wuarao no cambia en ningún momento la pagaya de banda, así que algo no hago bien.
Al día siguiente, tras el inicial “fracaso”, con la cofrade Argia que ha venido a disfrutar sus vacaciones en estos paraísos, nos llevaron de paseo en “curiara” gobernada por un indígena, toda mi atención se mantuvo en como Antonio movía la pagaya y entonces comprendí que el remo era a la vez propulsor y timón.
Por la tarde, pedí de nuevo que me dejasen la canoa y tras unas primeras indecisiones, poco a poco consigo que la proa de la embarcación mantenga la dirección deseada. Una satisfacción enorme, cuando al cabo de casi dos horas, bajo una torrencial lluvia, y el trasero un poco dolorido, regreso al campamento satisfecho por el logro y la felicitación de los auténticos expertos.
La técnica consiste, en que al finalizar el impulso, dejar la pala un instante metida en el agua, con un cierto ángulo como si fuera un timón, antes de sacarla, para que la proa inicie el amago de virada y seguido del nuevo impulso de avance, que la llevará hacia el otro lado. Al poco tiempo mecanizando los movimientos se consigue ir en linea recta, siempre paleando por la misma banda .
Al tercer día, pido a nuestro guía que preferimos hacer la excursión por nuestra cuenta en la “curiara”, sin ningún impedimento, con una botella de agua, la bolsa estanca para las cámaras de fotos, alguna otra cosilla y otra pagaya para que se ejercite Argia, disfrutamos toda una mañana recorriendo los diferentes “caños” próximos y no tan próximos al campamento.
Una maravilla, meternos por intrincados canales y recovecos, llenos de mangles, moriches, jacintos de agua, victorias regias, palmeras de las más variadas formas, un sin fin de exuberante vegetación, habitada por guacamayos, loros, algunos monos aulladores, muy esquivos, mariposas de vivos colores y tímidos caimanes de los que solo oímos el chapoteo entre la vegetación, al zambullirse en las marrones aguas.

Antonio, es constructor de “curiaras”

Las curiaras son vitales en los poblados waraos

Todos los habitantes de los poblados manejan la curiara por igual

Hasta los más pequeños las tienen a su medida

Argia, en la foto para el recuerdo de la experiencia

Nuestro paseo por los caños, un recuerdo imborrable
Salud
