Mi querido Tamaya aguarda en una balda de mi despacho la hora de embarcar de nuevo para seguir cazando estrellas. Antes me lo llevaba en los chárter, pero los armadores se quedan bastante mosqueaos cuando ven embarcar a un cliente con un sextante.
-¿Y a dónde piensan ir si no es indiscreción? -te dicen, quizás con miedo a que te lleves su barco al mismo sitio al que se llevaron el Bavaria del cofrade Enricacion.
