En mi caso, sólo cuando hacemos un viaje un poco largo es cuando navego "a destajo" (dentro de unos límites, claro). Es entonces cuando me enfrento a la naturaleza feroz de este Mediterráneo, y es entonces cuando "de verdad" navego, y crezco, y sufro, y crezco.
Poco a poco voy probando nuevas configuraciones, poco a poco me voy atreviendo.
No he tenido nunca más de 35 nudos, ni falta que hace.
He decidido salir unas 6 o 7 veces teniendo 20 nudos dentro del puerto, y nunca me he arrepentido, a veces sólo, a veces con tripulación experta, una vez hasta con 9 tripulantes inexpertos (casi no se podía uno mover por la bañera). Curiosamente siempre ha sido un éxito.
Creo que navegar con mal tiempo me gusta, aunque no estoy del todo seguro. Por el reto que supone, y por los rociones, y por ese increible baile que describe mi barco cuando las velas amortiguan el movimiento pendular, siguiendo una recta perfectamente curva.

LDN