Re: El barco y su evolución
Sigo con los barcos enormes, la parte que ya tenía preparada.
Vayamos por orden y hablemos ahora de Ptolomeo II Filadelfo (308-246 aC), anterior en el tiempo. Antes una pequeñísima aclaración, por obvia que sea: los sucesores de Alejandro Magno, para conservar y proteger sus rutas comerciales –y no exentos, tampoco, de un enorme afán de ostentación, como medio de demostrar y afianzar su poder- trataban de construir naves cada vez más grandes, seguras y veloces La rivalidad entre ellos era otro acicate. Los historiadores afirman que los primeros ptolomeos crearon una flota de combate tan poderosa que habría de dominar los mares del Mediterráneo durante gran parte del siglo III
Ptolomeo II Filadelfo -el que ama a su hermana-; su sobrenombre era literal, retomó la antigua costumbre egipcia de la boda entre el faraón y su hermana para preservar su sangre macedonia.
“Filadelfo aventajaba en riqueza a numerosos reyes… Con respecto a la cantidad de libros, la construcción de bibliotecas y la colección del Museo…” nos sigue diciendo Ateneo.
Sí, este Ptolomeo, rico, culto e inteligente, que creó el Museo que albergaba la biblioteca que llegó a ser la más famosa de la antigüedad, la de Alejandría, es el mismo que mandó construir el faro de la isla de Pharos, y su afición a los grandes barcos, como nos contaba al principio Liceas de Náucratis por boca de Ateneo, también era conocida por Plinio, que nos cuenta que había mandado construir dos embarcaciones de inmenso tamaño.
Tres versiones, entre las muchas que existen, del famoso faro de Alejandría. Cada artista lo imagina de una forma distinta.
Inmenso tamaño: no se nos escapa que era una forma de decir “aquí estoy yo”, porque parece que no eran muy eficaces. La rivalidad y luchas entre los sucesores de Alejandro, propició esta carrera cada vez más competitiva en la cantidad, calidad, tipo y tamaño de las naves. Así que Filadelfo, para competir con las naves de dieciocho remeros de Antígono Gonatas, manda construir la eikoseres (veinte remeros) y la triaconteres (treinta remeros), los barcos más grandes de la época. Veamos que nos dice Ateneo:
“… y había estado muy interesado en todo tipo de construcciones, hasta tal punto que también sobresalía entre todos por el número de embarcaciones: las naves más grandes que tenía eran dos de treinta remeros, una de veinte, cuatro de trece... Las enviadas a las islas y a las otras ciudades sobre las que gobernaba, y a Libia, eran más de cuatro mil.”
Octodracma con los rostros de los filadelfos Ptolomeo II y Arsínoe II
Muchas y grandes. Salvo las excesivas (como la que construyó para sus hermanas), es obvio que sus naves eran eficaces. Y es que su padre, Ptolomeo I y sus penteres (quinquerremes)habían sido derrotados por el padre de Antígono, Demetrio Poliorcetes, un verdadero impulsor de la industria naval, y sus ekaidekeres (de dieciséis remeros). Este Poliorcetes (=asediador de ciudades) construía cada vez naves más grandes, y por tanto con más remeros, porque le gustaba dotarlas, amén de los espolones, de una buena artillería naval propia de la época (catapultas, torres de asalto…) más los guerreros, caballos, víveres... El primero de los ptolomeos aprendió enseguida que debía cuidar su flota. Así, tras la desaparición de Demetrio Poliorcetes, y la creación de una potente flota egipcia, se cimenta una auténtica talasocracia de los lágidas en el Mediterráneo oriental que llega al cenit sobre el 270 y se mantiene hasta finales del siglo, pues el segundo de los ptolomeos inicia una nueva fase en el desarrollo naval, superando con mucho las naves de guerra de su antecesor en número y tamaño.
Reproducción de una trirreme del 300 a.C.
Por la descripción que hacen los historiadores de estas naves de 20 y 30 remeros y de las que luego construiría otro lágida, Ptolomeo IV, debían tener una estructura, según Lionel Casson nos cuenta en su libro sobre las trirremes, parecida a un enorme catamarán de doble casco. Lo veremos en el capítulo siguiente.
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