Ayer salí al atarceder hasta la noche. Vino conmigo un maestro pescador, como yo los llamo además de otros dos amigos, pero en ésta pequeña historia el prota es el arrantzale.
Toda la vida en el mar lleva ya él: primero marinero en un pesquero, luego a parte del trabajo tiene su txipironera con la que sale a menudo a pescar en compañia de su hermano.
Teníamos pendiente una de ir a txipis, ya que nunca lo he hecho; se pasó por mi mesa en el trabajo y al final optamos por ir con mi barco a navegar y pescar 50/50.
Casi lo cancelo pues no había previsión de viento y ciertamente no lo hubo hasta las 9 de la noche. Tampoco pescamos nada.
Lo primero que me pidió fue un caldero, lo llenó de agua, hielo y cervezas, parecía un anuncio de la DAMM. Madre mía, vaya manera de consumir cervezas, pero es que ¡¡cómo entraban.!!
Más tarde, una vez echadas las cañas (por supuesto el vino con todos sus aparejos), puse el piloto automático y no veas qué cara puso: "Esto es la ostia" decía, con esto te olvidas"..., y venga otra cerveza. "A mí mi hermano siempre me putea, se va a proa y yo con el mando y el timón enganchao todo el día..." Quiere probar a adecuar el piloto a su txipironera, y en tal caso si funciona comprará uno. Vamos, que le encantó.
Pero lo mejor es cuando subió el viento y paramos el motor. Su cara lo expresaba todo. Un viento ligero pero que nos concedió 4-5 nudos, mar plana, oscuridad .Había que estar al loro pues entre la bocana de la ría y el puerto viejo había varias txipironeras sin ningún tipo de luz pescando y no las veías hasta que estabas relativamente cerca.
Miraba las velas, veía como el agua recorría el casco acariciándolo de proa a popa. Sus sentidos al no oir el motor le querían decir que estábamos parados, sonreía, me preguntaba a qué velocidad íbamos; al escuchar mi respuesta volvía a sonreir: "
Tienes que traerme un día que haiga más viento..." decía.
Desde luego, he sentido como pocas veces el placer de verme acompañado en mi barco por alguien disfrutando de esa manera, alguien que tiene múchas millas encima, mucha sal en la piel, muchas horas al sol...y no obstante disfrutando de navegar como si nunca hubiese subido a un barco.
Al poco nos adelantó Pierret, el ex-botero de CMHT que ahora está en una nueva empresa con la que llevan a gente a pescar. Menúdo mambo traía: música a buen volumen, fiesta y jolgorio generado por una decena de txavalas bailando cantando y gritanto. Casí alguno me salta al agua en un intento de alcanzar el otro barco a nado

. Ya me contarás un día Pierret... ahora, eso sí, has cambiado a mejor: ya no tienes que aguantarnos a todos dándote la txapa cada vez que nos acercas o nos recoges. Ahora te lo pasas de p... madre.
Luego poco más. Amarrar, recoger, cerveza y para casa.
Fue un buen día y por eso lo comparto.