Sábado 18, tras un sueño inquieto, Irene no para de revolverse en la cuna, al final me levanto a las 6:50, desayuno y vuelvo a Gijón. Esta vez quedamos en las dependencias de la Escuela para empezar con las prácticas de Radiocomunicaciones, serán de 10:00 a 12:00, y luego a continuar en el barco. La meteo prevista es halagüeña, aunque a las siete y media de la mañana no parece que vaya a cumplirse: frente a los partes que dan cielos despejados, vientos del nordeste y norte con fuerza 3 a 4 y la mar de fondo quedándose, el cielo se ve totalmente cubierto, y cada dos por tres se pone a llover; no acaba de salir el sol mientras que voy conduciendo, leches, a ver si se tuerce el día... pero bueno, llegando a Gijón empieza a despejar, esta vez la zona azul de frente a la Escuela está vacía y aparco allí mismo. Saco ticket hasta justo antes de las 10 (hasta las 14:00 es de pago, luego ya no) y me doy un paseo por los muelles y los espigones, chubasquero puesto, ya que de vez en cuando caen cuatro gotas. Con tiempo todavía para re-desayunar, en el portal de al lado hay una confitería donde hacen un café que sabe a gloria, acompañado por el dulce de turno. Y justo antes de entrar a clase, renuevo el aparcamiento para las dos horas siguientes.
En el aula nos espera Roberto, primero nos comenta sobre equipos reales (y con llamadas reales) el manejo del VHF, fijo y portátil, la radiobaliza... y luego bajamos al simulador, un aula con equipos informáticos nuevecitos y en la que todo funciona a la primera. Allí practicamos informando de salidas a Gijón Tráfico “Gijón Tráfico, Gijón Tráfico, Gijón Tráfico AQUÍ Pelufo, Pelufo, Pelufo”

, hablando entre nosotros, utilizando la llamada digital, dándole al “botoncito rojo” –al que no hay que tenerle miedo- y navegando por las variadas opciones de los equipos simulados –GPS, VHF fija y portátil, radiobaliza, radar, etc.
En fin, un par de horas perfectamente programadas y ejecutadas, lo cual no siempre resulta tan fácil de llevar a la práctica. Tengo que indicar que toda la programación de las prácticas fue “perfecta”, coincidiendo además bien con las circunstancias principalmente meteorológicas. Ya que, mientras que nosotros estábamos bajo techo, pues el tiempo estuvo desapacible, pero luego se fue aclarando y cuando acabamos y salimos nos recibió un sol radiante y una ventolina que prometía una buena jornada de navegación.
El resto de compañeros andando hacia el pantalán, mientras que yo volvía a echar unas monedas en el parkímetro, esta vez ya llego hasta el fin del período de pago, así que tranquilo hasta la vuelta.
Y a bordo del Pelufo que pretendemos navegar hasta Candás (unas siete millas en total) para comer allí y luego regresar, dedicando el resto de la tarde a practicar maniobras, etc. Reporte de salida a Gijón Tráfico –es la primera vez que hablo realmente por una radio-, volveremos hacia las 18:00. Ah!, y hay que echar combustible, nos amarramos a la gasolinera por estribor, ¿dónde estaba la manivela del winch? Es que también sirve para abrir los depósitos del agua y del gasoil. ¿Cuánto echamos? ¿qué? Pues sí, con 10 euros tiene que sobrar mucho. Pues nada, lo dicho.
A motor el GPS nos marca cinco nudos y medio, hacia las dos de la tarde deberíamos ir llegando. Ya vemos que efectivamente la meteo es buena, la mar está más echada que ayer, aunque quizás quede medio metro de mar de fondo del NO y en ciertas zonas ya se empiece a levantar algo de marejadilla del NE, lo que unido a los rebotes en los diques del Musel nos hace movernos un poco de vez en cuando –pero poco. Vamos identificando marcas, balizas, zonas a evitar, etc., hasta que ya enfilamos hacia Candás, “todo recto” El viento de popa, aunque ligero nos da la sensación de que casi no avanzamos, pero la velocidad real hasta aumenta un poco. Y ola tras ola llegamos al destino, que para el que no lo conoce, aún en condiciones perfectas, no es tan fácil de identificar... pero ¿por dónde se entra ahí? ¿dónde está la verde? Ah!, por allí... en fin, que no me quiero ni imaginar ir sin experiencia a algún sitio, por la noche y con algo de lío montado, en fin, ¡hay tanto que aprender!
Pues nada, llegamos, radio y que si quieres arroz Catalina, que no hay respuesta; otros dos intentos y nada, la marinería desaparecida. Al final, por móvil, conseguimos contactar, pero imposible el amarre, hay obras y no podemos quedarnos, en fins... tras valorar alternativas, se decide regresar a Gijón, ya que sino nos quedaríamos sin tiempo, y “una retirada a tiempo es una victoria” –esto lo pienso yo. Son las dos de la tarde, si no se lía la cosa no llegaremos demasiado mal para comer.
La vuelta la hago en la cubierta de proa, es más amplia de lo que parece, lástima de un par de colchonetas, que hasta sirve de solarium. Si cierro los ojos, al rato casi me quedo dormido, la noche a medias pasa factura, y los vaivenes no son tan acusados como para evitar una cabezada, hasta uno que me recuerda que no debo dejar de abrazarme al babystay, no vaya a ser. El viento ya de proa da más sensación de velocidad aunque nos frena un poco, de todas formas poco más tarde de las 15:30 estamos amarrados y pensando dónde vamos a comer.
Preferimos –buenos consejos, hay que saber un poco de todo- ir de bocata, y creo que fue en el Gyros (o algo así) donde nos pusimos las botas. El pollo y la cerveza se juntan muy bien, luego un café con hielo –esto en la terracita- y listos para... la siesta! Ah!, no, que tenemos que navegar, pues vaya, yo estuve apunto de decirles que me iba abajo, pero no es cuestión. El viento ya se empieza a notar, parece un F3 idóneo, anda, que yo quiero probar la vela, y yo también, y ya somos tres, bueno, pues un poco habrá que izar aunque nada más sea la mayor, miniclase apurada sobre lo básico y pa’fuera. Oye, pues al final perfecto, como no podía ser de otra manera, tiramos en ceñida un rato, un par de viradas por avante para ver cómo iba el tema, un trocito de través para tener margen para la vuelta a un largo y luego de regreso, ya ayudándonos con el motor. Para quien es su primera vez pues sí que da un poco más de trabajo, pero ¿a que es más entretenida? Y, con cinco a bordo, el trabajo se reparte bien.
Pues, todavía tenemos tiempo para maniobrar un poquito.
Y creo que poco más. Recogemos todo lo mejor posible y nos despedimos hasta el domingo, esta vez será directamente en el barco para practicar el resto de contenidos del temario... pero eso será mañana.
Llamada a casa, que ya salgo y directo de vuelta, ahora ya no me lío con las nuevas calles y la cosa va como la seda. Hoy seguro que duermo mejor, “sarna con gusto no pica”, pero algo sí que se va cansando, la verdad...