Recuerdo perfectamente ese día. Hacía una noche de perros. Todavía estaba de vacaciones de Navidad y volvía del aparcamiento de la playa de Somorrostro, de "ver las olas", con mi novia y mi flamante 850 cuando me encontré con todo el operativo.
A las lastras donde encayó el carguero, los Santurtziarras las llamaban "Las Cañaberas", hoy ya no existen, pero yo las recuerdo bien porque allí aprendí a hablar, mirando de reojo la puntera de la caña del Aita.
Puestos a escoger, no fue el peor sitio donde pudo ir el barco. La piedra donde asentó el barco, tenía en ese punto una gran plataforma casi horizontal y sin demasiado relieve. Hacia tierra un fuerte talud de unos 15 m. de desnivel con una gran esplanada con acceseo rodado donde poder trabajar y organizarse. A pesar de ello estoy seguro que no fue nada fácil sacar a la gente.
Decían entonces, que esa parte del Abra interior era un mal tenedero en caso de temporal. Muchos años de descarga de los gánguiles de Altos Hornos de Vizcaya habían tapizado el fondo con una alfombra de pedruscos de escoria, el residuo natural de los hornos. Mala proporción tamaño densidad para las Danfort de tamaño medio.
Yo me marché enseguida porque lo único que hacía era estorbar, pero me alegré mucho al día siguiente al enterarme que había sacado a los marineros de aquel infierno.
Ahora me alegro más, al saber que Iorpi estuvo en ese tinglado. La verdad que está y ha estado en todos.
También quiero subrayar la importancia de las imágenes, y el crecimiento geométrico de esa importancia con el paso del tiempo. Lo hago para agradecer, de nuevo, a nuestros compañeros que habitualmente nos regalan con este trabajo y a los que, a veces, no se les valora o comprende suficientemente.


