El océano se come todo, pero el Mediterráneo es muy frágil.
En mi primera navegación a vela, en un chárter con patrón en una goleta por las Lípari, no olvidaré cómo el armador, un holandés por otra parte majísimo, aprovechó la travesía de Malta a Sicilia para cambiar el aceite al barco. Entonces, siendo un profano, me pareció una salvajada. Con la información que tengo hoy, sin niguna duda, le denunciaría pese a apreciarle.
Tengo una hija de cuatro años y quiero que herede el Mediterráneo; ella y sus hijos, y los hijos de sus hijos.
