Ay Mari Polen, con lo monisimos que son los ratoncitos de campo, y no hacen nada!
Cuando yo tenia la tienda de flores secas, vendía manojos de trigo, cebada, centeno etc, y como a ellos les encantan los cereales apareció un buen día un ratoncito paseandose por ahí.
Las clientas y sobre todo una empleada mia se pusieron a gritar histéricas, como si hubieran visto al mismisimo diablo, y el pobre se asustó y corrió a esconderse.
Al día siguiente volvió a aparecer, y yo lo cogi y lo acaricié para que Isabel (la histérica) viera que no hacía nada, pero ella, presa de un ataque de pánico, me dijo que no volvía a trabajar mientras no desapareciera el individuo intruso.
No tuve más remedio que llamar a una empresa de fumigación. Al dia siguiente por la mañana vinieron unos hombres y nos hicieron deshalojar el local hasta pasadas 24 horas, tiempo que hay que dejar transucrrir para que el producto tóxico no afecte.
No volvió a aparecer ningún ratoncito, aunque yo me sentí un poco asesina
