Re: Os dedico un relato
Desde el cielo, con mitad amor, mitad dolor, empieza la operación 'Barro salado'...  
Además de a Clara, Joaquín había reconocido a Martín, igual que a muchos otros de los variados lista 6ª que poblaban Espalmador ese día; su pequeño barco con dos niños era por un lado un riesgo innecesario y a la vez una excusa perfecta. Inma no lo entendió nunca del todo, no quería entenderlo, pero siempre había estado con él. No entendió la decisión de su marido ya que con el sueldo de ella, podrían haber comprado un Babaria 42, si me apuras, haber aspirado al Maramú 39’ que vieron en Benalmádena, pero no, se tenían que meter en un FIRST 28, de 20 años y con la neBera averiada. Tampoco lo entendían los niños, pero suponían que era normal vivir así, con las cosas raras de sus padres, y esos frecuentes viajes a Galicia y Algeciras a ‘navegar con amigos’ que le habían pillado por las fotos del Facebook. Y es que Joaquín tuvo siempre que darle a su vida visos de normalidad, a su vida y a su muerte, y tenía en Inma la mejor cómplice, sufriendo e silencio, por él, por los niños, y por ella.
Cuando Papá dejó el ordenador, Laura, que era adolescente pero no tonta, vió como le cambio la cara, como le daba a ‘borrar historial’ en el navegador, pero esta vez no porque hubiera estado disfrutando en esa guarrada de www.tetasinmensas.jk.net, sino tal vez porque no quería que vieran sus cuentas del Santander o de Cajamadrid. Papá salió blanco del barco y se montó en el chinchorro, llamó a mamá para que viniera, algo alterado incluso, pero era a veces su forma de ser, y se fueron a motor hacia la playa ‘a pasear’ dijeron. Por la zona más blanca, la más concurrida hacia el istmo los perdieron los niños de vista durante una hora hasta que volvieron al Arroaz y entonces pasó todo, el accidente, los gritos de mamá, el aviso desesperado por radio con ese ‘Medé, Medé Medé, estamos fondeados en Espalmador y mi marido se desangra’ repetido entre sollozos, la motora que se plantó en segundos sabe dios desde donde, el helicóptero naranja aterrizando en la playa, y la alteración del fondeadero que jamás habían visto en ningún lugar del mundo, ni con ningún viento, ni lluvia o temporal. Nunca pensaron que ese ayer apacible sitio les cambiaría la vida en tan pocos días y en tan pocas horas, tal vez para siempre.
Inma salió del Tanatorio de la mano de su suegra pero abrazada por Martín, envuelta en gafas negras y con un vaquero y una camiseta de tirantes fucsia prestada por Clara. Tenían un tipo similar, las dos esbeltas pero con curvas, mismo pecho y caderas, casi igual estatura y solo el largo y el color del pelo podía diferenciarla claramente ahora de la rubia cibernética, dos mujeres vestidas hoy con ropas comunes, extrañas pero unidas por un cierto cariño a una misma persona. Martín querría preguntarle sobre Joaquín y Clara también, aunque cada uno por motivos diferentes, uno por lo que sabía, la otra por lo que quisiera saber, los dos con intuiciones, ambos con dudas que se iban acercando. Maricortes, la moderna abuela, entre sollozos no entendía como su hijo podía haber muerto de una manera tan imbécil después de haber tenido afición a absolutamente todos los deportes de riesgo, el joven dominicano, más próximo a la realidad de la muerte abrazaba y consolaba a la madura mujer, que nunca pensó en venir a Ibiza a saber por última vez de su hijo, de quien no había podido ni ver el cadáver. Y los niños, acompañados más atrás por la psicóloga de los servicios sociales de la isla y la madre de la familia italiana, trataban de mantener el tipo, como en una boda, como cuando murió el abuelo, como siempre les enseñaron sus padres, aunque esta vez todo era más extraño, tal vez como su idílica familia.
‘Sabes que nuestro barco está en el puerto, querrás volver a recoger las cosas a Espalmador, aunque tal vez no será lo más acertado, conozco gente, te buscaré un patrón barato que os lleve el barco a donde quieras’, - dijo Martín
‘Martín, gracias, nunca pensé encontrar gente tan amable como vosotros en este momento… nunca se piensa en ese momento, pero yo debo estar en nuestro barco, en nuestro fondeadero, ahora Espalmador está unido a mi pasado, y a mi destino, no sé lo que me pasará en los próximos meses, ni días, ni horas, pero si que ahora mi sitió está en nuestro barco. ¿Me devolverás allí pasando por los Freus, por favor?’, - la insistencia de volver a Espalmador de la viuda de Joaquín, para ‘recordar’, ella sola, sin los niños que se iban a la península con su abuela en el audi de alquiler que esperaba con conductor en la plaza, sorprendía a Clara e inquietaba enormemente a Martín. A ella porque la imagen virtual que se había creado de Joaquín, en nada coincidía con la casualidad cibernética que estaba viviendo, pero al fin y al cabo no era real, era literaria, y es que ahora ella era un protagonista de una novela y uno de sus personajes acababa de morir frente a sus ojos, pero tras estos dos días, nada de lo que empezó en un paseo en un precioso velero, era ya normal. El no acertaba a saber por qué exactamente, pero intuía que esa muerte en medio de Espalmador en Julio de 2010 no parecía que fuera a ser la última.
Inma despidió a los niños y a su suegra sin siquiera acercarse al aeropuerto, insistiendo en volver pronto al puerto.
En el taxi rumbo al puerto próximo y viendo el atardecer de las Pitiusas, se oyó el rugir de dos helicópteros en el cielo hacia el sur, hacia Formentera… Inma no pudo evitar levantar la mirada y llorar.
Joaquín, a bordo de un helicóptero, rumbo al Ghost fondeado al sur de Formentera junto al faro de La Mola miraba por estribor en silencio y con pena, el perfil del cerro de la capital de Ibiza. Atardecía, pero solo pensaba en ese momento, que tanto él como los suyos, vieran mañana el amanecer.

Me voy a navvegar...   
Tengo unas ganas de que alguien me unte con barro...
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'NAVEGAR NO ES UN LUJO, ES UN DERECHO'
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