DE NUEVO EN TORTUGA ROQUES Y AVES
El Bahía y el que suscribe, ya estábamos ansiosos por echarnos de nuevo a la mar, después de una prolongada estancia técnica en Puerto la Cruz.
Con la llegada de mi amiga Begoña a pasar sus vacaciones y la excursión al delta del Orinoco, que tan gratos recuerdos me dejó, llegó la hora de soltar amarras y poner rumbo de nuevo a isla Tortuga.
Begoña, que después de hablarla de nuestro foro, se ha sumado a la cofradía, con el nick de Argia y así poder estar más cerca del viaje del Bahía las Islas en su vuelta por el mundo, esta va a ser su primera navegación de altura, está ilusionada por las sensaciones que espera percibir.
No ha defraudado el viento, una navegación casi perfecta, ocho horas para cubrir las algo más de cincuenta millas hasta Tortuga, la limpieza del casco se nota una barbaridad y da gusto navegar ligeros.
Para Argia la navegación ha sido genial, ni mareos, ni miedos, ni fantasmas que suelen aparecer en las primeras navegaciones, conozco a mi amiga desde hace muchos años, pero ha sido toda una sorpresa su iniciación a la fe verdadera.

Navegando hacia Tortuga
Arribamos a playa Caldera, en punta Delgada, lugar bien conocido para el Bahía, largamos ancla bastante más cerca de la playa que en la anterior ocasión, hoy solo estamos tres veleros y un par de peñeros locales, enseguida desembarcamos para ir a visitar al amigo Moncho en su ranchito.
Nos recibe con alegría y nos pone al día de las últimas novedades y la más importante es que se ha echado novia este verano y tan fuerte ha sido el flechazo que en unos día se viene a vivir a Tortuga. Le felicitamos por el acontecimiento y para el día siguiente quedamos en acompañarle a una excursión pesquera, me pide que lleve el fusil submarino.

Hablar con Moncho en su rancho toda una experiencia
Por la tarde vemos llegar al fondeadero al Adelante, un velero francés, con el que hemos hecho amistad en Puerto la Cruz, Manolo y Pascale, con sus dos niñitos pequeños.
Temprano como habíamos quedado, viene a buscarnos con un amigo en su peñero, se conoce prácticamente cada piedra del lugar, después de un vistazo en el primer sitio, sin apenas rendimiento nos lleva a otro en el que asegura hay buenos pargos que cazar, mientras él se dedica a capturar langostas a lazo, todo un arte que requiere mucha práctica.
Tal como me había anunciado, la oferta de pargos ha sido fructífera y aunque él no ha quedado satisfecho con sus capturas volvemos a playa Caldera con media docena de crustáceos y unos cuantos peces.
Invitamos a nuestros amigos franceses a una paella a bordo del Bahía, cosa que aceptan encantados.

Una paellita con nuestros amigos franceses
No dejamos Tortuga sin antes pasar por las islitas de Tortuguillos, pero esta vez la meteo no es tan benigna y el viento sur ha hecho muy incómodo el fondeadero, por lo que casi en plena noche he de levantar el fondeo y trasladarnos a la costa de Tortuga en la playa de Tamarindo, a dos millas, donde a sotavento de la surada podemos volver a echar una cabezada hasta que el sol ya calienta lo suyo.
Con viento sur un poco más suave que el de la noche anterior, al atardecer, ponemos proa a Roques, Argia está impaciente por navegar de nuevo a mar abierto.
No había visto a nadie llorar de emoción y expresar sus emociones con tanta vehemencia, ante una puesta de sol, navegando plácidamente con las velas desplegadas, en la mar calma, realmente me ha conmovido y aprecio aún más el momento, realmente como decía anteriormente, mi amiga está descubriendo la auténtica pasión por el mar.

Begoña con una felicidad que pocas veces había visto navegando
Si en las primeras horas de la noche, la brisa sur y una luna casi en su plenitud presagiaban una plácida y agradable navegación, la cosa cambia radical a partir de la media noche, negros nubarrones se ciernen por doquier, rayos y truenos en sinfonía continua, asustan la brisa y las velas dejan de impulsarnos, maquina avante y a esperar que ninguna de las aparatosas tormentas nos intimiden demasiado. Siempre he afirmado rotundamente que prefiero enfrentarme a una fuerza 10 que a una tormenta eléctrica, ya he pasado varias en mi vida y realmente lo paso francamente mal.
Pero por fortuna esta noche Neptuno ha sido benévolo y de las seis tormentas que nos han rodeado ninguna se ha acercado a menos de tres millas.
Me ha maravillado que cuando al amanecer he despertado a Argia, para que viera amanecer, ésta haya dormido plácidamente y ni los truenos la han perturbado. El orto del sol nos trae viento de popa, aparejo el barco a orejas de burro y a navegar las últimas millas a todo trapo, aunque en el horizonte ya diviso la línea de manglares del sur de Roques.
Aún está bajo el sol cuando arrío velas a una milla de la boca de Sebastopol, en otro momento hubiera esperado a tener mejor visibilidad para penetrar en la barrera de arrecifes, pero conozco bien el lugar y no tengo ninguna duda, así que entramos en otro mundo de aguas cristalinas y tranquilas como las de una piscina, sé muy bien donde fondear y largamos el hierro en la protección del propio arrecife.
Argia me da un beso llena de felicidad y las gracias por haberla permitido vivir tamaña experiencia, me pide que sigamos navegando, quiere continuar la experiencia, no me lo pienso dos veces y la digo de ir a Aves antes de recalar definitivamente en Roques sería una buena opción, se muestra entusiasmada, así que el plan está hecho para la próxima semana.
Desayunamos y nos preparamos para zambullirnos entre los corales, da gusto nadar en aguas tan claras rodeados de todo tipo de peces que no se asustan demasiado.
A medio día llegan al fondeadero nuestros amigos franceses del Adelante, desconocen la zona y salimos con el dinghy a facilitarles la entrada por la boca, fondean cerca nuestro y les contamos nuestros planes de continuar a Aves, ellos se quedarán por allí tranquilamente y nos encontraremos a nuestro regreso.
Al día siguiente temprano, izamos velas y por el sur de Roques navegamos casi veinte millas hasta dos Mosquises, a Argia la encantan las tortugas, así que visitamos el centro para su protección que allí existe, fotos y más fotos, lo fotografía todo.

Rufino siempre atento en cada fondeadero, aquí en Dos Mosquises

Argia con una de las tortugas del centro
Noche tranquila y nada más amanecer rumbo a Aves. El viento nos favorece y sin dudarlo saco el spi de su funda, espero que no esté demasiado enmohecido, tanto tiempo sin izarlo se me hace raro, pero no, se encuentra en perfecto estado cuando se despliega, que sensaciones más placenteras me provoca su poder, el GPS marca dos nudos más.

Da gusto ver el spi desde cualquier posición
Begoña intenta llevar la caña con él, pero todavía ha de practicar mucho con las velas normales para no causar un desaguisado. Todo no puede ser perfecto y a medio camino de Aves hemos de arriar, una tormenta muy negra se aproxima por popa, nos preparamos para un buen remojón y aunque no ha sido muy aparatoso nos ha quitado el salitre y de traer el viento por la popa nos lo ha puesto casi de morro, a cazar velas y a ceñir, que aunque no sea de caballeros, nos lleva a nuestro objetivo.

Una pequeña golondrina nos da la bienvenida al paraíso de las Aves
Penetramos en el pequeño archipiélago que forma Ave de barlovento, una isla estrecha como de una milla al sur y luego varios islotes, algunos con vegetación, diseminados en un radio de un par de millas.
Fondeamos en la isla sur cerca de un gran manglar donde anidan infinidad de aves, nos acercamos con la neumática para fotografiar y comprobar que por algo se llaman Aves estas islas, las hay cientos y son tan confiadas que podemos acercarnos a menos de dos metros de ellas.
No ha habido manera subir la foto preparada para este lugar
Pero también hay mosquitos a mansalva así que cambiamos de fondeadero con el siguiente día, alejándonos de los manglares y buscando solo la protección de la barrera de arrecifes, que para el oleaje del este. La decisión ha sido acertada, además de alejarnos de los mosquitos estamos más cerca de buenas zonas de buceo y pesca. En total pasamos cuatro días, cambiando cada uno de fondeadero en busca de nuevos horizontes submarinos.

Atardecer magnífico en Aves
Para el regreso a Roques, el cofrade Xarpa nos anuncia vía Iridium, vientos flojos del este, las primeras millas navegamos con soltura pero poco a poco nuevas tormentas tapan ese poco viento y al final no hay más remedio que empujar a motor para llegar a una hora prudencial a las islas más al oeste de Roques, Cayo Agua, donde aún pasaremos de nuevo unos días de ensueño, en un remanso de paz y soledad, en el que Argía que no le teme a nada, fotografía el entorno desde la perilla del mastil.

Argia desde una buena posición para tomar buenas imágenes
Largos paseos por las playas desiertas al atardecer, visitas a todos los arrecifes de la zona y degustación de la buena cocina del Bahía, son los principales quehaceres diarios.

Las playas de cayo Agua
Salud
