... al final, me animé a salir, y no puedo decir que fuera un día de navegación aburrido...
Llegué al pantalán a eso de las 13:00. No había mucho viento, pero por causas diversas llevaba mucho tiempo sin scar el barco, o sea que no había excusa que valiera. Pero... el fueraborda no se había enterado de que la huelga era el 29 de septiembre, y decidió hacerla ayer (

), yo venga a darle al cordoncito, a probar de ajustar el starter, la mezcla, el ralentí, ... pero él, que no, que no y que no.
En esas apareció mi vecino de babor (un inglés que está restaurando un Folkboat en el Port Olímpic), le echó un vistazo, y finalmente consiguió convencer al motor para que depusiera su actitud (

). Eran las 14:30, o sea que... ¡a navegar!
Una vez en el agua, como me temía, no había demasiado viento, y además aquello parecía más conducir en hora punta que navegar, por el gran número de barcos que estaban contemplando el espectáculo aéreo, pero bueno, yo lo que tenía ganas era de quitarme el mono de navegar...
Y entonces, juro que yo estaba bien lejos de la zona prohibida, cuando oigo un rugido atronador... y veo un F-18 del Ejército del Aire que pasa a 20 metros a sotavento, a la altura de mi cruceta (mi barco mide 6 metros, o sea que la cruceta no está demasiado arriba...). Y juro que me acojoné. Pensé: "a ver si éste calcula mal la próxima vez y se come mi palo", así que vuelta al puerto.
Esta vez, el fueraborda arrancó sin problemas, pero... al volver, me encuentro que mi vecino de estribor (un First 21.7 que lleva poco tiempo ahí) había colocado mal la amarra del muerto, de forma que, al salir yo, el First se había cruzado sobre mi hueco, y yo no tenía sitio para entrar. Además, como iba solo, me era imposible estar en proa apartando al First y a la vez, a la caña. Nuevamente salió el amigo inglés a echar una mano (le debo una cerveza a este chico), y entre los dos, pudimos apartar al First y encajar mi barco en el amarre.
De remate, cuando voy a cazar las amarras de proa, parece que la de estribor ha encogido, porque no llega a la cornamusa (

). Me fijo, y es que el del First, por algún motivo que ignoro, ha enrollado parte de mi amarra en la cornamusa del pantalán. En fin, saltar a tierra, desenrollarla, y finalmente, puedo amarrar el barco como Dios manda.
Desde luego, fue un día de navegación para el recuerdo. Además, me temo que mi nuevo vecino de estribor y yo no hemos empezado con muy buen pie...
¡Una clarita bien grande para todos, como la que me tomé yo nada más saltar a tierra!