Discusión: Os dedico un relato
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Antiguo 09-10-2010, 10:58
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Capitán pirata
 
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Predeterminado Re: Os dedico un relato

Alguien me dijo una vez que el poder que no se ejerce no se pierde en la atmósfera, como un gas, sino que actúa por su cuenta y, a veces, hasta puede volverse en contra nuestra. Es decir, que cuando uno no toma decisiones el entorno se ve tan alterado por la omisión como lo estaría por la acción, aunque en una dirección desconocida e incontrolable.

Martin no tardó en darse cuenta de que Clara estaba más interesada en la percepción de sus caricias que en la búsqueda de respuestas a preguntas transcendentales. Las manos de ella habían dejado de sujetar las orillas de la camisa para pasar a sujetar con suave firmeza los glúteos de él, y Martin, empujado por las circunstancias, fue descendiendo los círculos de su caricia primero de los senos al vientre y luego hasta el sexo.

La situación iba tomando un sesgo bastante clásico y hubiesen transitado otra vez por el camino trillado del placer de no haberse concretado, entre la danza diabólica de las llamas que se reflejaban en el agua, la forma obscura de una lancha que se les aproximaba directamente. Sin intercambiar palabra cambiaron de posición y Clara se protegió detrás de él. Martin cogió la pequeña Beretta que llevaba el parte trasera de su cintura y, sin dejarla ir, la escondió en el bolsillo derecho de su pantalón.

-No temas, Clara. Éstos no es que sean amigos, pero tenemos un negocio a medias. Te informo de que he renunciado a mi venganza a cambio de la tuya. Ayer tomé la decisión y cerré un trato con esta gente: yo dejaba de intervenir y les permitía llevarse a Laxmi sano y salvo y ellos, a cambio, me traerían un regalo para ti.

La lancha cubrió los últimos metros que la separaban del ketch y se abarloó suavemente a su banda con un ligero rugido de motores. Un muchacho rubio, de pelo muy corto y expresión desolada se situó un instante bajo la luz roja que iluminaba el puente para que Martin pudiera ver su cara y su saludo.

-Martin, I presume… Lo lamento mucho, pero nos hemos visto obligados a defendernos cuando ese cerdo ha empezado a dispararnos, así que esto es lo que te puedo traer – dijo encendiendo una linterna y alumbrando un bulto que yacía sobre la cubierta de la lancha. Con un gesto rápido retiró la tela que lo cubría y Martin y Clara pudieron ver la expresión desencajada del cadáver de Sandoval bajo la luz cruda de la Maglite.

Clara hundió su cara en la espalda de Martin con un suspiro de horror. ¡Dios mío, dios mío! Martin le habló con voz seca.

-Ya se ha hecho justicia. La ha espichado como castigo por las cosas que ha hecho. Entre ellas las que te hizo a ti. Pero falta la venganza.

Pidió permiso para abordar la lancha con un gesto y le fue concedido. Con un movimiento lento extrajo un cuchillo de submarinista que llevaba atado al tobillo, retiró totalmente la manta que cubría el cadáver, le cortó el cinturón y la bragueta de un tajo sorprendentemente suave y continuó manejando la hoja durante unos segundos. Los tripulantes de la lancha apartaron la mirada al unísono y se oyó alguna exclamación queda. Oh, fuck!

-OK, guys! Ya os podéis llevar de aquí lo que resta de esta mierda - dijo tras arrojar al agua el amasijo sanguinolento que acababa de amputar.

Regresó a bordo del ketch y habló casi sin mirar a Clara, que continuaba aferrada a las orillas de su camisa como petrificada.

-Se acabó. Se acabó. Necesito una ducha caliente y, a continuación, un whisky con hielo escuchando a Pink Floyd. Wish you were here, preferiblemente. ¿Puedes ocuparte? Luego haremos planes. Si tú quieres, evidentemente. Conozco un lugar al norte de Sicilia donde el mar tiembla igual que tú cuando haces el amor. También necesito desesperadamente hacer el amor. Pero voy lleno de sangre del cerdo ese, así que me tendré que ir a la ducha primero y luego ya ordenaremos los acontecimientos.

Clara recuperó el movimiento con un ritmo solemne. Se acercó a Martín mientras dejaba caer la camisa que la cubría y, en total silencio, comenzó a desnudarlo.
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