Real, como la vida misma.
Más de uno piensa así, y los pantalanes están llenos de barcos "pudriendose", y sin disfrutarlos el vendedor ni el posible comprador.
Un barco que no navega, acaba simplemente formando parte de un idílico decorado de puerto, que disfrutan de vista los paseantes a cuenta del bolsillo de los propietarios.
