Lo que está claro es que a esta gente le salva la enorme afición que hay: patrones, armadores y tripulantes que con capaces de arriesgar dinero, vacaciones y material, propongan lo que propongan, contra viento y marea (nunca mejor dicho).
Lo único que no se puede reprochar es la meteorología, que es una alea, pero quizás sea tiempo de hacer balance y considerar que los cambios de fecha de la organización, la incertidumbre en las condiciones (amarres, logística...) antes de la regata y la falta de claridad de ideas para saber qué hacer en cada caso (sin contar los premios en metálico prometidos y no repartidos de ediciones anteriores, dineros que seguro que sí salieron de los patrocinadores) no dicen nada en su favor para confiarles la organización de nada más.
Y seguro que no dimitirá nadie
