Me da la sensación de que has llenado tu hilo de churras, merinas y serranas, le voy a meter yo algunas más.
Hace unos días venía con un cofrade para España por el Mediterráneo desde por allí..., en una travesía en la que había empezado a hacer 'mío' su barco en pocos días. Sentía, como dices, la jarcia, las velas, el ruido y frecuencia del motor, pensaba sin mirar en la posición de cada herraje o cabo del acastillaje.
Me metí en un barco desconocido una semana y traté de sentirlo parte de mi, para hacer frente cualquier contingencia de la navegación o la vida a bordo, esforzándome por adaptarme en muy pocos días.
El patrón, Capitan Teach, vive cuatro meses a bordo. El barco es su hogar, su medio de transporte, su refugio, su vida, es parte de su ser, con sus defectos y virtudes.
Eso era lo primero que debía aprender.
Cada movimiento que yo hiciera estaba calibrado y controlado por él, un tipo meticuloso y preciso, como si de rozarle su piel se tratase.
Me gustó esa experiencia de convivir con un ser único, mitad material, técnico, robusto pero rompible, mitad humano, inteligente, voluble, frágil o decidido.
Hombre y barco, en su faceta de Centauro.
Mis churras.
No sé si ibas por ahí... Prometeo.
En las nocturnas, atado a la linea de vida, con MOBs electrónicos, y sin mear por la borda para no fallarle al jefe, el temor es caer y verme envuelto en una incertidumbre cierta.
La última mañana, le dije: 'miramé, que voy a mear por popa'
Debió pensar, 'este tío es un suicida'.
Y no, el problema es que por principios meo y demás, por la borda de toda la vida, aunque en ocasiones se deban hacer excepcionnes; nunca pienso en tirarme, sino en no caerme...
En carretera nunca pienso en matarme, pero me aterra que me maten.
Mis merinas
