Re: Cambio de barco. Relatos cortos ... encadenados
Aquel hombre, de serena mirada, la atraía como un imán desde la tarde
en que reparó en él. Recostada sobre la cubierta del velero, con la mirada
perdida entre los dos faros de entrada al puerto y mientras dejaba
que el atardecer, convertido en tibio bálsamo, reparase una vez más su alma
para el día siguiente, advirtió la entrada de un barco cuya derrota
siguió hasta verlo atracar. La lentitud, serenidad y maestría con que
aquel hombre, sin ayuda exterior, consiguió atracar y amarrar su
imponente barco le descubrió el mundo que ella intuía pero que no conocía,
el de la calma y la autosuficiencia.
Varias veces, y sin que él lo advirtiese, ella le estuvo observando al tiempo
que amasaba en su mente lo que aquel hombre en el muelle, de espaldas y
con las manos en los bolsillos, debía estar esperando del horizonte.
Aquella noche decidió no imaginar más y compartir con él ese mundo
cuya puerta de entrada se encontraba justo siete barcos más allá del suyo.
Mis respetos al señor Karchuk.
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Quiero vivir la vida aventurera
de los errantes pájaros marinos;
no tener, para ir a otra ribera,
la prosaica visión de los caminos.
Poder volar cuando la tarde muera ...
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