Un poco más al N del Maresme tenemos un ejemplo de que muchos puertos pueden influir escasamente en las playas y que éstas son elementos vivos y que se alimentan o desaparecen a lo largo de décadas por otros motivos. Me refiero a Blanes. La gran playa que existía a poniente de Sa Palomera y que llegaba al rio Tordera, en los últimos años ha quedado reducida a su décima parte. Los que conocemos Blanes sabemos que difícilmente este fenómeno sea consecuencia de su puerto y personalmente tampoco creo que sea por la falta de aportación de arena del Tordera. Para mi es simple; Las playas se mueven. ¿La solución? Aunque sea difícil poner puertas al campo, cada vez miro con más simpatía el controvertido espigón que se construyó hace unos pocos años frente a la Barceloneta y que se ha manifestado como una ala protectora de una buena parte de la playa frente a él. En los puertos abiertos en que su brazo influye directamente en la circulación local de arena, unos espigones semejantes separados por unos cientos de metros podrían ser una solución definitiva.

Odin