En frente del Raitán, en el muelle de Fomento de Gijón, atracaba (aún sigue allí y de vez en cuando me quedo absorto viéndolo) una pequeñísima yola tipo inglés de madera, de unos 7,5 metros, 8 como mucho, con un francobordo bajísimo y madera inmaculada de quilla a perilla. Las formas clásicas y dulces, con proa lanzada y espejo de popa en forma de metopa y con rueda de timón para gobernar sentado pese a lo minúsculo de la bañera.
Además el armador va a juego: un hombre de unos 60 años con pelo y barba blanco platino. Un día le dije que tenía un barco precioso (lamento no recordar el nombre del barco) y me dijo que lo suyo era más amor por la carpintería que por la navegación.
Brindo por estos manitas que decoran nuestros puertos con su esfuerzo
