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Antiguo 20-10-2010, 00:15
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Los grandes marinos del siglo XVIII

Vamos con otro marino de la época. Este se lo dedico, por ser su paisano, a Choquero (si es que me lee).

D. Francisco Javier Everardo-Tilly y García de Paredes había nacido en 1712 en Villalba del Alcor (Huelva).El apellido Tilly le venía al onubense por la rama de su abuela paterna cuyo padre, el capitán Juan Tilly, era de origen francés aunque afincado en Málaga. Ya se sabe que los nobles no desperdiciaban apellidos: maternos o paternos, si interesan, se unen y en paz.



En 1727 ya le tenemos de Guardiamarina y poco más he podido saber de él hasta que 1733 lo encontramos rumbo a la expedición de Argel. Uno más de los jóvenes aristócratas marinos de la época que estuvieron en esta expedición, como hemos visto. Puede que hasta incluso conociese y admirase al viejo y aguerrido Teniente General de la Armada que moría ese mismo año, D. Antonio Serrano. Este viejo marino tenía el mando de una escuadra de cinco navíos desde su último ascenso, y patrullaba las costas de Argel, Túnez y Trípoli. Sintiéndose enfermo, a su regreso al puerto de Alicante ese año de 1733, se negó a abandonar su nave insignia, el navío Príncipe de Asturias. Murió allí; tenía 84 años y había dedicado 57 de servicios en mar y tierra. ¡Ah, ese amor a la profesión, por dura que sea!



Don Antonio Serrano; no oculta su mano derecha ortopédica (de madera).Museo Naval. Es el retrato más antiguo que se conoce de un general de la Armada española con uniforme.


Volviendo a Francisco Javier lo vemos ya Capitán de navío en 1754 y no sabemos nada más de él hasta que toma el hábito de Caballero de Santiago en 1756. No sé si parte por herencia o todo gracias al Rey, le vemos ya Marqués de Casa-Tilly y primer Vizconde de Everardo en 1761. En 1767 es nombrado Jefe de Escuadra y en el 68 toma el mando de varias flotas. Y aquí tenemos que hacer un poquito de historia para ambientar mejor la hazaña por la que es recordado.

Ya hemos comentado, al contar la vida de otros de nuestros marinos del siglo XVIII, que a nuestra pobre patria la acosaban por todos lados y mordían en sus territorios americanos los ambiciosos gobiernos europeos. Uno de ellos fue nuestro vecino Portugal. A finales de enero de 1680 los portugueses, no contentos con los territorios que tenían en América, quisieron extender sus dominios más al sur valiéndose de la debilidad española ante el acoso de tanto predador. Así que se establecieron en la costa norte del Río de la Plata y fundaron la ciudad de Colonia del Sacramento. Aquel territorio, remontándonos aun más, había tenido una población “de cazadores y recolectores de difícil filiación… dotada de una cultura material muy rudimentaria” según nos dice la enciclopedia. La resistencia de estos pueblos a la penetración de los europeos, que fue casi continua desde el Descubrimiento hasta casi el siglo XVIII, fue la causante del retraso del establecimiento de la población criolla. El sevillano Juan Díaz de Solís había penetrado en 1516 en el Río de la Plata, pero los charrúas o los guaraníes le mataron junto a otros compañeros (y se los comieron según algunas versiones). Magallanes, al servicio de España, descubrió la bahía y el cerro de Montevideo en 1520 y el curso inferior del Uruguay lo exploró uno de sus pilotos, Juan Rodríguez Serrano. El capitán general del reino de España Sebastián Caboto en 1527 funda el primer establecimiento en esas tierras: el fortín de San Salvador. Dos años después los indígenas lo arrasan.



Desde Paraguay, a principios del siglo XVII, su gobernador Hernandarias de Saavedra había hecho desembarcar en las costas de lo que luego sería Uruguay cierto número de ganado bovino, que dio origen a los rebaños cimarrones explotados por individuos de distintas nacionalidades: los “faeneros”. Pero todos los intentos de fundación de establecimientos desde Paraguay fracasaron también. Sin embargo los franciscanos de fray Bernardino de Guzmán logran crear diversas reducciones, como la de Santo Domingo Soriano en 1624, la más antigua de las hoy existentes. Las reducciones, como bien sabéis, eran pueblos de indígenas ya convertidos al cristianismo.



Pero estábamos con lo de Portugal. Será precisamente el deseo de reglamentar y explotar los rebaños cimarrones, amén de otros intereses, lo que dará lugar a las constantes incursiones predatorias desde Brasil, que culminarán con la fundación de Colonia de Sacramento. El lugar era ideal para los intereses portugueses, pues desde allí podían, además, dar salida a sus productos de contrabando. Naturalmente esto perjudicó los intereses españoles, sobre todo los de la ciudad de Buenos Aires.




La larga lucha entre España y Portugal por el dominio de lo que hoy es Uruguay acababa de empezar.
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