La hemeroteca y tú ( tu cumple, quiero decir)
http://hemeroteca.lavanguardia.es/ed...1881&x=44&y=12
Me ha gustado especialmente este artículo que escribía el muy notable Noel Clarasò
ADMIRADO de veras me interrumpí para decirle:
—Da gusto hablar a una persona que escucha como usted.
—¿Cómo dice? . . . . .
Me desorientó. Su actitud de hombre que vive pendiente de lo que le dicen
era perfecta.. Se ve que fingir atención suele ser más fácil que escuchar dé
v e r a s .
Y escuchar en silencio me parece lo más difícil de todo, porque sí dura
mucho se pone cara de tonto. Sobre todo si el que habla es de los que se obstinan
en hacernos participar íntimamente de sus tesis y aventuras, pero sin
consentir que'le- interrumpamos. No hay expresión de rostro humano que lo
aguante.
Si nos ayudamos con palabras es más fácil. Palabras sueltas, comentarios
breves, murmullos y, sobre todo, preguntas. Es lo que ayuda más. Y -esforzándonos
en hacer preguntas que tengan una relación inmediata con lo que el otro
dice. Y ya en este terreno, «el colmo de la perfección sería preguntar de veras
en busca d-e la contestación.
Un hombre observador le decía a otro:
• —Tú siempre preguntas lo que ya sabes.
Sí;- es un defecto poco original. Acaso porque ía única forma de- evitar qae
nos engañen con las contestaciones es preguntar lo que yá. sabemos. Pero «9
nota, y es contraproducente. Lo mejor, lo académico, sería preguntar lo Que sólo
sabe el otro. Un esfuerzo en este sentido obliga a escuchar con atención, basta
descubrir los temas de las preguntas que el otro será capas de contestar sin
engañarnos.
A veces, cuando hablamos s otro, «vemos» que el otro no nos escucha, que
piensa en otra cosa, o en nada, pero que no se entera de lo que oye. Y- seguirnos
hablando, ya con menos entusiasmo, y también pensando en otra cosa o en nada,
Este es el'mecanismo Que rige algunas de las conversaciones entre los hombres.
• Es rarísimo que nos guste escuchar a otro. Y con razón, porque también *s
raro que otro nos diga cosas buenas- o bellas, que de veras merezcan ser escuchadas
con interés. Y ocurre un. curioso' fenómeno, fruto de nuestra fragilidad;
que no escuchamos cuando los otros nos hablan, y que creemos que los otros
nos escuchan cuando hablamos, nosotros. Digo yo que lo creemos, que si no^.
no hablaríamos tanto rato seguido. Bastaría pensar: «este rostro, a pesar de la
expresión que pone, no escucha nada de lo que le digo», para callar en seguida.
He leido, en un autor bueno, que el silencio es una "comodidad a lia que
se sucumbe fácilmente. Me gustaría conocer a la gente en cuya sociedad el autor
del texto descubrió esta verdad que, a primera vista, sólo parece mentira.
Busquemos soluciones prácticas. Ahí está otro que.nos habla; y sin parar,
con voz incesante de arroyo fluido. Si nada dice que nos pueda importar al
interesar, ni se columbra que lo dirá después, ¿por qué fingir atención" Lo
mejor sería mirar la hora:
—¡Las seis! ¡Y me esperan a las cinco y media!
Seguro qife el otro se precipitará a ayudarnos a poner «1 abrigo. Y si «1
otro es este señor excepcional que dice cosas interesantes y hermosas, pues a
preguntarle más. A preguntarle siempre que en sus palabras se nos abra ua
resquicio a la duda. Y así, a la busca de las ocasiones de situar preguntas
en su punto mientras yo le hablaba, dije:
1 —Por tus preguntas he visto que sabes escuchar.
Vi que sonreía y no continué el elogio. Pensé que acaso sólo se ejercitaba,
y me había preguntado cosas que sabia ya. Es una trampa que, si se hace bien,
no se descubre. Y así como otras trampas no descubiertas dan dinero, ésta da
conversación. Que no es poco.
NoelCLARASO